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El Carnaval y las rondallas – Por Ricardo Melchior Navarro

   

El Carnaval toca a la puerta. Durante los próximos días, las gentes de Tenerife volverán a sumergirse en una celebración auténticamente popular, ajena a la inhibición y plena en jolgorio y diversión, que ofrece su cara más divertida durante más de una semana de festejos callejeros.

Las principales vías y plazas de la capital se convierten en el escenario de este encuentro espontáneo y bullanguero, eminentemente participativo, que cala hondo en el alma de los tinerfeños pero que también despierta el interés de muchísimos visitantes. No en vano, se trata de la fiesta más internacional de cuantas tienen lugar en Canarias, reconocimiento otorgado en base a sus virtudes sanas y atractivos espectaculares.

Pero el Carnaval tiene su preámbulo en el desarrollo de los diferentes certámenes y galas. Desde el pasado 17 de enero, el Recinto Ferial de Tenerife ha venido albergando los concursos de murgas infantiles y adultas, agrupaciones y comparsas, así como la elección de las Reinas de los pequeños y los mayores. Porque esta magna celebración popular no tiene edades; está abierta a todos los públicos y géneros, sin restricción alguna. Familias enteras participan, con ilusión y esmero, en la puesta en escena de una gama de expresiones diversa, que es la plasmación definitiva de tantos meses de ensayos y preparativos.

Resulta de justicia ponderar esa laboriosidad, ese trabajo tenaz y concienzudo, característico en muchos rincones de distintas localidades, donde esta auténtica factoría del Carnaval se pone en marcha meses antes de que llegue la fiesta. Nos referimos, sobre todo, a los locales de ensayos de las diferentes agrupaciones, aunque se trata de un movimiento que se extiende a talleres de costura, estudios de diseño, centros de peluquería y maquillaje… Actividades cuyo ritmo de trabajo se convierte en frenético a medida que se aproxima la presentación, cuando la inquietud y el deseo de agradar generan el lógico nerviosismo, hasta el instante mágico de la salida ante el público.

Todo ello forma parte de la cultura del Carnaval, cuyo mantenimiento y conservación nos exige esmero y mimo. Porque las raíces de esta manifestación popular se remontan a un pasado muy lejano en el tiempo, que todavía hoy atesora vestigios imperdibles. Es el caso, por ejemplo, de las rondallas, que esta misma tarde celebrarán su tradicional certamen en el Auditorio de Tenerife Adán Martín.

Situados sus orígenes a mediados del siglo XIX, casi en coincidencia con la legalización de las carnestolendas por parte del Ayuntamiento de Santa Cruz, son las agrupaciones más añejas y merecen que les brindemos el máximo de calor y cariño. Tras unos años de cierto decaimiento, hasta el punto de que se llegara a cuestionar la continuidad del género, quienes mejor conocen el mundo de las rondallas aseguran que hoy pasan por un buen momento. La incorporación de jóvenes talentos, en funciones distintas, que van desde la dirección al apartado solista, pasando también por los conjuntos corales y de pulso y púa, ha producido un renacer más que apreciable.

En el caso de los cantantes, este auge viene a coincidir con el instante especialmente dulce que vive nuestra lírica, con varios intérpretes isleños en primera línea internacional. Y se da la circunstancia de que algunos de ellos, como el célebre Celso Albelo o Jorge de León, tomaron parte en este certamen de las rondallas.

Sin duda, estamos ante la muestra palpable de que resulta posible combinar el mantenimiento de las singularidades del Carnaval con la adaptación a los tiempos, mediante su enriquecimiento y la incorporación de nuevos modos, pero sin perder la esencia de aquella fiesta que nos legaron nuestros mayores. Una fiesta plenamente arraigada en el pueblo noble y que, precisamente por ese motivo, forma parte de nuestra idiosincrasia y atrae a visitantes de todo el mundo.

Mi felicitación y agradecimiento a todas aquellas personas que hacen posible que podamos disfrutar de las Rondallas.

*PRESIDENTE DEL CABILDO DE TENERIFE