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Ciudadanos invisibles – Por Félix Díaz Hernández

   

Caminan a diario por las calles de nuestras ciudades y pueblos sin importar que sea lunes o domingo. Van siguiendo la ruta de un sendero que parece ir hacia ninguna parte. No tienen prisa porque nadie les espera; por eso pueden entretenerse y sentarse a ver pasar la vida desde la atalaya de un banco.

Caminan mirando el suelo, posando la mirada en las menudencias y los pequeños objetos que otros transeúntes, esclavizados por las prisas, van dejando atrás.

Arrastran pesadumbres y mucha incomprensión a sus espaldas. La mayoría no atisba a responder cómo llegó a esta situación; algunos se rebelan, otros lo aceptan y hasta lo justifican. Permanecen fuera del carrusel del consumismo rampante porque este sistema hace mucho tiempo que los expulsó de ese presunto paraíso.

Puede que probaran muchas manzanas; también pudiera ser que engañaran a los suyos; o quizás que sus esquivas familias les dieran de lado. La única certeza es que ahora vagan solos. Frecuentan las puertas de los supermercados y, cuando les dejan, los contenedores de basura próximos.

En esos pequeños almacenes callejeros encuentran la cena, el desayuno o también el almuerzo; aunque da igual porque no tienen que cumplir con horario alguno.
Para la mayoría de la sociedad no existen; casi se podría decir que son caminantes invisibles cuando nos los cruzamos en nuestro tránsito por las aceras y los evitamos con la mirada.

Sin embargo están ahí, como un monumento a la injusticia social, a nuestra inhumanidad y cada vez hay más.

@felixdiazhdez