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el salto del salmón > Luis Aguilera

Dejar hacer, dejar pasar – Por Luis Aguilera

   

Asistimos impasibles al exterminio programado de la nación palestina. Quien compare el mapa de 1945 con el de hoy, entenderá a las claras el propósito. Palestina ha pasado de ser un país a quedar territorialmente en mínimos, geográficamente rota, orgánicamente fragmentada, militarmente ocupada, un presidio a cielo abierto.

Aquí el horror no es parte del método. No es un holocausto. Es una estrategia más sofisticada. El fin último es que el palestino se convierta en el nuevo judío errante o que sea absorbido por otras nacionalidades. Es decir, que sus futuras generaciones sean palestino-egipcias o palestino-libanesas, por ejemplo, o que se diluyan como nación entre otros pueblos.

El método de dispersión y disolución va desde el terror insomne de los bombardeos al desmembramiento social mediante un laberinto de alambradas y muros, de prohibiciones y controles que separan a comunidades y familias. A esta forma de acorralar y debilitar hay que sumar el hostigamiento y la humillación para machacar psicológicamente.

Requisas y cacheos que incluyen a mujeres y niños; impedimento al libre el tránsito como obligar a dar rodeos estúpidos; permisos y limitaciones para toda actividad; demolición de viviendas sin justificación; provocar construyendo en lo suyo vecindarios cómodos y felices.

Todo ataque militar israelí es contra civiles porque Palestina no tiene ejército. Apenas unos patriotas que de tanto en tanto lanzan cohetes caseros y unos chicos que tiran piedras contra la primera potencia de la región y receptora del mayor apoyo militar de los Estados Unidos.

Hablar de que Israel actúa en defensa propia es de un cinismo tan desproporcionado como sus matanzas. No es el que ocupa y avasalla la víctima que debe defenderse.

Llamamos gloriosa a la resistencia francesa contra la ocupación alemana pero la de los palestinos es terrorismo. Caemos en la trampa de quedarnos con las acciones sangrientas en territorio israelí cuando en realidad son consecuencia de la verdadera esencia del conflicto. Si fuera cierto que Israel lo único que demanda es seguridad, le bastaría con cumplir las resoluciones de las Naciones Unidas. Y acabáramos.