X
el salto del salmón>

Eliécer, la quinua y yo – Por Luis Aguilera

   

Tengo más la sensación que el recuerdo de haber traído a uno de estos artículos a un pariente lejano, algo así como primo segundo de mi padre, a quien me unió una entrañable y hasta extraña relación toda vez que cuando yo comencé a frecuentarlo él ya pasaba de los setenta y yo no había cumplido veinte. Para describir al personaje basta con decir que siempre iba vestido de riguroso negro, del sombrero a los zapatos, y que de este mismo color eran sus espesas cejas y un mostachón frondoso que le “prestaba sombra a sus palabras de árbol”. Tenía una memoria prodigiosa y se despachaba por igual un discurso de Ghandi que una épica parrafada de Virgilio.

Nuestra amistad, llamémosla así, nunca salió de su casa. En realidad de su sala, de la penumbra en que nos dejaba la luz sin fuerza de la tarde. Un día resolvió que nuestras tertulias se iban a llamar pensaderas. Era un cambio de acepción. En Colombia, no sé si en otras partes, pensadera es una palabra que se usa para significar que algo nos lleva de cabeza, un pensar mucho, por lo que siempre lleva implícita la preocupación. Eliécer, que así se llamaba mi pariente, la convirtió en una suerte de ejercicio. “Para la pensadera de esta tarde te propongo que hablemos de…”

Una tarde me recibió con el entusiasmo con que se desvelan los secretos. “Para la pensadera de hoy te tengo algo sorprendente: así como nuestra humilde papa acabó con el hambre en Europa, tenemos en los Andes una planta que puede acabar con la del mundo”. Fue de sus labios que escuché por primera vez la existencia de la quinoa o quinua. Mentiría si me dijo a qué familia botánica pertenecía o su tabla de calorías. Lo que tengo claro es que enumeró unas propiedades tan extraordinarias que yo, que hasta hace pocos años supe de su existencia real y la comí, creí que fabulaba.

La semana pasada el presidente Evo Morales me regresó a ese día al presentar la quinua en la ONU. Y afirmó lo mismo que Eliécer: puede ser un producto capaz de acabar con el hambre en el mundo. Claro, si se toma como alimento y no como mercancía. A veces se encuentran soluciones pero los famosos mercados nos las quitan. Lindo tema para una pensadera.