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El estado de esto – Por Jorge Bethencourt

   

En este país no hay quien arregle nada. El Gobierno de Rajoy no sólo tiene que aguantar por el lomo los viajes de la oposición, a cuentas de la nueva Ley de Bases de Régimen Local, sino que sus propios alcaldes se han subido a la higuera protestando porque se les va a tocar el chiringo. Si no hay sueldos disponibles y cargos de libre disposición, a ver qué le vamos a dar a la tropa. El año pasado -lo recordarán ustedes- se acometieron los grandes ajustes de España. El gobierno del PP decidió pasarnos por debajo de la quilla con una subida de impuestos a discreción. Había que salvar al país de la quiebra aunque fuese a costa de cargarse la clase media, la demanda interna y el huerto de los olivos. Pues bien, agárrense los machos, porque después de tanto esfuerzo cerramos el año con una deuda pública que asciende a 882.000 millones de euros, 145.000 millones más que el ejercicio anterior. O lo que es lo mismo, que nos endeudamos a razón de unos 400 millones de euros diarios hasta llegar al récord histórico del 83% del Producto Interior Bruto o, si prefieren, más de cuatro veces lo que ingresamos cada año por impuestos. Este año tendremos que pagar más de 38.000 millones sólo en intereses de la deuda que tenemos contraída. Y seguimos pidiendo. Las previsiones de financiación de este ejercicio son de más de 200.000 millones. Si a la vista de esta ruina, si ante la evidencia de los seis millones de parados, si ante el escenario de la debacle económica que padecemos a esta gente no le entra en la cabeza que hay que podar la selvática e intrincada maraña de gastos y estructuras creadas al sol de viejos tiempos de vino y rosas, es que, sencillamente, no tenemos remedio. La reforma de las administraciones públicas, en sus costes y en su competencia, es el último bastión que la burocracia quiere defender. Pero es inevitable. Hay que disminuir la carga que pesa sobre los bolsillos agujereados de los españoles. No queda otra. No es que tengamos un sector público demasiado grande, es que no podemos seguir pagándolo en las actuales circunstancias. No es debate ideológico, sino de supervivencia. Pero en el debate sobre el estado explosivo de esta nación abatida sólo escucharemos las voces de siempre, las palabras de siempre y las razones de siempre. Han logrado algo asombroso: que todo el mundo esté cabreado. Han logrado que todos parezcan -sin serlo- iguales. Han logrado que nadie crea en casi nada, que se haya perdido la confianza y la esperanza. Han logrado, entre todos, traernos a esta ruina, a este caos. Y es lo cierto que no parece que puedan sacarnos de aquí ocupados, como están, en pelearse por los restos del naufragio.

@JLBethencourt