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Por qué no me callo >

‘Fake’ – Por Carmelo Rivero

   

El precio de la verdad es altísimo. Pocos la adquieren. Pero, entre tanto, seguimos tirando con medias verdades. ¿Cuál es la cara verdadera de la marca España a fecha de hoy? ¿La de la corrupción (España vice) o la de campeona del mundo de fútbol 2010? ¿La de los seis millones de parados -esa cara monstruosa-, o la de los 58 millones de turistas? ¿La de Bankia o la de Inditex? ¿La del consumo cataléptico o la del boom de la competitividad de sus exportaciones?¿La España cañí o la de la mejor generación de ingenieros, como me decía el arquitecto Fernando Menis (con obra en el MOMA, tras Millares y Domínguez)? Y, por último, ¿la malquerida y apestada de la eurozona, o la que Morgan Stanley vaticina que en tres años será la nueva Alemania de Europa? El español es ese masoca noventayochista que ve la botella medio vacía. Ahora se refocila con su innegable desastre en cadena. ¿Cuál es la verdad? ¿La del Papa que alega fatiga para irse, o la de tres cardenales octogenarios que han descrito un Vaticano podrido por el poder, el sexo y el dinero (y otrora la violencia)? Al Rey lo asedian para que abdique, y el rumor ha merecido un desmentido oficial. Aprovechan sus hernias, yernos y caderas postizas para convertirlo en pensionista en los aledaños de este 23-F, para más inri, con aquel humor negro del ministro japonés de Finanzas Taro Aso, de que los viejos deben “darse prisa y morir” ¿El Rey chochea? ¿O se impacienta Leticia? El Rey y Rajoy desayunan con chantaje. Si Bárcenas y Diego Torres (dos lumbreras del wikilís nacional) se erigen en la puntilla de la Moncloa y la Corona, John Grisham se muda a España y hace un thriller para cine de espionaje catalán, adulterio real, sobornos y dopaje. Si digo yo. ¿Por qué esta digresión sobre la verdad? Porque es la era del fake, el hashtag y el WhatsApp, del montaje tuiteado y mensajeado hasta la exasperación. Si la próxima guerra mundial será una ciberguerra, como ya avisa Obama, mañana ni sus muertos serán de verdad.