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Fiscalidades – Por Alfonso González Jerez

   

La política fiscal del Gobierno de Mariano Rajoy ha sido, aproximadamente, desastrosa. Hace algunas semanas la sonriente gárgola que habita en el Ministerio de Hacienda, conocida como Cristóbal Montoro, presentó los ingresos fiscales del año 2012 como todo un éxito. Se pavoneó del aumento de la recaudación del IVA, unos 2.773 millones de euros, obviando, quizás para no agobiar a periodistas y ciudadanos, que ese crecimiento no estaba presupuestado porque su Gobierno había subido el IVA -contraviniendo un compromiso electoral — en el mes de septiembre. Sin embargo, el mayor fraude inserto en la peculiar valoración de Montoro, y así lo han señalado varios analistas económicos, está en el impuesto de sociedades. Nada menos que un 30% de incremento sobre lo presupuestado es lo que, según el ministro, se habría conseguido ordeñar, pero la cifra tiene truco. Las empresas abonan el impuesto de sociedades de manera fraccionada, tres veces al año, y gracias a una reforma reglamentaria del Ministerio de Hacienda, han podido adelantar los pagos correspondientes. Eso significa, sencillamente, que no ha aumentado la recaudación final – no, al menos, en la cuantía defendida por Montoro y su equipo – y que el próximo mes de julio – la próxima cita con el impuesto de sociedades buena parte de este incremento recaudatorio deberá restarse. Prodigioso juego de baraja de un Gobierno que supone que, con estos zurcidos trapaceros, puede engañar a empresarios, inversores o autoridades políticas y monetarias de la UE.

El presidente de la CEOE de Tenerife, José Carlos Francisco, además de clamar por la presión fiscal sobre las empresas españolas, repitió recientemente que los costes empresariales de la Seguridad Social son los más altos de Europa. No es así. Dentro de los costes impositivos del trabajo (el IRPF en los salarios brutos más las cotizaciones de la empresa y el trabajador) España se sitúa muy por detrás de Alemania, Francia y casi al mismo nivel que Italia. Otra cosa sería desconectar parcialmente los costes laborales de la Seguridad Social de los salarios – traspasando un porcentaje de los mismos a los presupuestos generales del Estado. Pero entre las infinitas monteradas de este año siniestro no se ha escuchado, al respecto, ni una sola palabra, ni siquiera una risita de la gárgola…