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Horizonte nebuloso – Por Óscar Herrera

   

El horizonte se podría ver con síntomas de recuperación sí al final el balón quisiera que así fuera. Que una institución como el CD Tenerife dependa de un éxito o de un fracaso deportivo no debería sorprendernos. La coyuntura es delicada para poder vislumbrar un futuro esperanzador para el club blanquiazul. En un panorama ensombrecido por la pérdida de poder adquisitivo, la falta de liquidez de empresas y particulares, y la ausencia de convenios con las administraciones, así como la negativa al crédito por parte de las entidades bancarias, hace que los clubes de fútbol tengan que caminar solos, y eso, en las actuales circunstancias no es viable. Ni para el CD Tenerife ni para casi nadie, y menos en un lugar tan desolador como es la Segunda División B, donde se pasa mucha más hambre. Por todo ello, siendo un club pobre, con presencia en una categoría más amateur que profesional, y con mínimos ingresos para el día a día, no hace sino corroborar que el futuro de nuestro club depende de un ascenso. Ni más ni menos. Tómenlo si desean como un extra más de presión para entrenador y jugadores, pero todos sabemos que después del 30 de junio, el Tenerife estará condenado a las tinieblas sí en este 2013 no se consigue regresar al fútbol profesional. Y eso es algo que debemos poner en el debe de Miguel Concepción ahora que celebra su séptimo aniversario al frente de la entidad. ¿Es tan importante que la deuda se haya rebajado en este tiempo mientras nos pudrimos en Segunda B? Tal vez lo sea, pero yo no lo acabo de asumir. Tal vez no tenga la perspectiva de mirar hacia el futuro y ver que este es el camino: Sanear lo más posible para desde abajo ir poniendo los cimientos de un club no deudor, y con argumentos económicos para ir creando un proyecto deportivo sostenible y garante de poder subir peldaños en el fútbol español. Pero se juega con fuego. No es el mejor momento ahora que nuestro país está en una situación limite. En junio tendremos las claves de lo que va a venir: si subimos, podemos ver un horizonte algo mas optimista; si no lo hacemos, seremos testigos de la descomposición definitiva de un club que nunca debió caer tan bajo tras haber tocado el cielo, y que ahora se debate entre el querer y el no poder hacerlo por inanición.