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EL GOLPITO>

La Iglesia, protagonista – Por Rafael Lutzardo

   

Sin duda, el comienzo del siglo XXI estará referenciado por la reciente renuncia del Papa Benedicto XVI. El mundo entero se ha quedado asombrado, perplejo e hipnotizado. Las agujas de los relojes se han quedado parado en el tiempo. Todas las miradas son para la Iglesia, para un hombre cuya edad ya no le permite trabajar “psicológica y físicamente”, como hubiese deseado Joseph Ratzinger, según el comunicado oficial del Vaticano. ¿Por qué tanto asombro por la renuncia de Benedicto XVI? ¿Ochenta y cinco años no son una loza pesada para llevar tanta responsabilidad? ¿O acaso nosotros nos queremos jubilarnos a los sesenta y cinco años e incluso antes? Lo cierto es, que las redes sociales se han quedado colapsadas y los medios de comunicación a nivel mundial centran todo su interés informativos en la citada renuncia papal, motivando con ello desviar toda atención de la otra dura realidad que vive actualmente toda Europa y gran parte del planeta tierra: la crisis económica, el desempleo, la corrupción, la miseria, inseguridad ciudadana y pérdida del estado de bienestar.

Esta renuncia voluntaria por parte de Benedicto XVI, al margen de su edad, debería de servir como ejemplo para muchos políticos que han estado y siguen gobernando en España, los cuales y por sus acciones antidemocráticas y corruptas, deberían de haber dimitidos. Un Papa puede renunciar y morir, luego otro le sustituirá. Pero el daño moral, físico y psicológico que le han hecho a millones de personas, dejándoles sin trabajos, hipotecándoles sus bienes inmobiliarios y sin ningún tipo de prestación social y económica, es un mal irreparable. Esa es la verdadera realidad con la que España en estos momentos se enfrenta, pero que aún no lograr dar con el antídoto para encontrar un camino esperanzador que permita aliviar las angustias de muchas familias europeas. Benedicto XVI se retirará a sus aposentos en el interior del Vaticano.

Posiblemente, nunca más le volveremos a ver. Mientras tanto, religiosos/as del todo el mundo están pendiente de su sucesor. Un nuevo Papa para una Iglesia más cercana a sus creyentes, pero con la duda de ser democrática, ya que el propio cardenal Juan Luis Cipriani Thorne afirma que la “Iglesia Católica no es una institución democrática, porque la verdad no se aprueba por mayoría, ya que está revelada en la palabra de Dios”. La representación de un Papa en el mundo es importante, pero la estabilidad, honradez, compromiso y eficacia de cualquier gobierno democrático, es vital para que un país pueda vivir en paz, derechos y calidad de vida.