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Imprescindible transparencia política – Por Antonio Alarcó

   

El político no nace, se hace. Sale de la sociedad y nunca pierde su condición de ciudadano. Hay, por tanto, buenos y malos políticos en el mismo porcentaje que en toda área de actividad humana, pero sí es cierto que el hartazgo de los españoles hacia la injustamente denominada “clase política”, produce un desasosiego generalizado más que razonable y comprensible.

Es conveniente actuar sin demora, teniendo en cuenta que la presunción de inocencia es un principio constitucional al que se está perdiendo el respeto de forma equivocada. Como en todo, creemos que hay que saber separar el polvo de la paja.

Decepciona saber que el mismo desgaste que afrontan quienes gobiernan, lo arrastre -y en mayor medida- una oposición irresponsable que vive instalada en la crítica por la crítica, buscando obtener rédito cortoplacista de toda situación que se plantee, con una actitud de víctima y verdugo que en nada beneficia a la colectividad.

Los hechos demuestran que, en democracia, fuera de la política no hay nada. Solo por eso, tenemos que esforzarnos por poner en valor el ejercicio de esta noble actividad que arranca de la entrega hacia los demás, de forma voluntaria, y con la sola satisfacción del deber cumplido como recompensa.

Sería conveniente que asumiéramos un compromiso real con la sociedad para recuperar la credibilidad de esta maravillosa labor, con tolerancia cero a la corrupción y realce de esta Política con mayúsculas. La pionera Ley de Transparencia es un buen punto de partida.

Según los criterios enunciados por el Gobierno de la Nación, todos los partidos estarán obligados a publicar su contabilidad y la información de sus créditos bancarios. Además, se endurecerán las penas por ocultación, simulación o falseamiento, cuando hasta ahora, nunca se habían hecho públicas las deudas contraídas con las entidades financieras. La Ley de Transparencia es el marco donde podremos comprobar el compromiso con el buen gobierno y la conducta intachable que se presupone a un servidor de lo público. De hecho, abogamos por que sea una obra de todos, porque la confianza de los ciudadanos la han perdido todos los partidos sin distinción.

Partiendo del objetivo de mejorar la credibilidad y confianza de los ciudadanos, esperamos que la web del Ministerio de Presidencia canalice las aportaciones a una norma que, por vez primera, incorporará con rango de ley un Código de Buen Gobierno que determine los principios éticos y de actuación de las Administraciones. Como bien señaló Rajoy en el Congreso de los Diputados, sin negar que la corrupción sea un grave problema, no ha de extenderse el manto de la sospecha sobre toda la clase política. Nos gustaría, por ello, que Alfredo Pérez Rubalcaba, jefe de la oposición, hiciera el mismo ejercicio de transparencia y publicase sus cuentas. Pero no unas cuentas maquilladas o parciales, sino las reales.

Para ese sector del PSOE que lidera Rubalcaba, sería un gesto muy recomendable el practicar la transparencia que tanto reclaman, y abandonar cortinas de humo que enmascaran una falta total e irreversible de ideas y liderazgo. Tal vez interesa al Rubalcabismo que no hablemos de los signos de recuperación de nuestra macroeconomía, reconocibles por la Unión Europea, el Fondo Monetario Internacional o entidades de cómo Morgan Stanley, que ponen el acento en la reducción del déficit, el dinamismo de nuestras exportaciones o la fuerza de la Marca España.

Merece la pena hacer las cosas bien y trabajar de forma ordenada, transparente y planificada, como estamos haciendo. La transparencia en la actuación política ha de ser exigible como una necesidad objetiva del sistema, con compromisos serios y permanentes que se proyecten a toda faceta de la actividad pública.

Creemos que en estas circunstancias debe imperar la serenidad y el consenso: hemos de estar más dispuestos, si cabe, a mostrar a los españoles que la política es la solución y no el problema. Abogaremos siempre por pedir perdón humildemente ante posibles errores, pues los cometeremos como humanos, pero nunca seremos negligentes.

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