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Indignación sincronizada – Por Carlos Carnicero

   

Ha ocurrido lo que hacía falta. La sincronización de las mareas de indignación. Cada problema de cada colectivo forma parte del mismo universo. Y lo lógica era organizar una constelación de todas las tragedias para parar la acción deconstructora del Gobierno. Además, las mareas del #23F han sido el contrapunto necesario al debate del estado de la nación. La calle no llega al parlamento pero toma vida propia en las dinámicas de participación popular. Probablemente es el comienzo que forzará al Gobierno a parar algunos recortes. Y será el comienzo del fin del rodillo parlamentario. Naturalmente, algunos sectores de la prensa han despachado el asunto exhibiendo una mochila con cocteles Molotov. Detenidos y desproporción policial. Los bomberos están activos y empiezan a organizar la protección de los ciudadanos. Una preocupación para el futuro inmediato es desarbolar a los provocadores. Son la coartada que pretende el Gobierno para deslegitimar las movilizaciones. La primera acción coordinada de protesta ha sido un éxito que ha desbordado las previsiones. Aunque se quiera relegar a páginas interiores lo sucedido, las redes sociales se han encargado de darle su verdadera dimensión.Hay una constatación de que el intento de los dos grandes partidos por un estatus quo bipartidista se resquebraja. El PSOE tiene que optar por refugiarse en el parlamento o compatibilizar la acción institucional con otras formas de participación democrática en la mejor tradición de la izquierda. La política, desde la izquierda, no puede ser un mero y frío cálculo electoral. Si los grandes sindicatos y el PSOE se ausentan de estos reclamos ciudadanos, se deslizarán por la pendiente de la irrelevancia y nuevas formas de organización terminarán por sustituirles. La unidad de acción es un viejo concepto marxista que sigue vigente. Y las situaciones de crisis, con una respuesta unitaria, son ocasión de transformación. Este modelo social de enriquecimiento de minorías fomentando el consumo desbordado de las mayorías se ha resquebrajado con una cierta generalización de la pobreza. No poder tener lo que se ofrece convoca inexorablemente a exigir lo que corresponde. Siempre ha sido así.