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Inteligencia, trabajo, prudencia: Eduardo Medina de la Rosa – Por Alfredo Mederos

   

Como director de su tesina de licenciatura y tesis doctoral en el Departamento de Química Inorgánica de la Universidad de La Laguna, primero, y luego cuando alcanzó la plaza de profesor titular numerario de Química Inorgánica como compañero del profesorado en el indicado departamento, tuve la oportunidad de conocer de cerca a Eduardo Medina de la Rosa, lamentablemente fallecido el pasado 13 de enero, sólo unos seis meses de haberse jubilado en julio pasado, a la hoy temprana edad de 66 años, una personalidad de características extraordinarias: de profunda inteligencia, de características especiales, que me recordaban a otro compañero profesor del departamento, José Antonio Padrón Hernández, y al propio catedrático y director de éste, Benito Rodríguez Ríos, amor al trabajo y al cumplimiento del deber, honestidad a toda prueba, de pensamiento liberal y progresista, demócrata convencido, detractor de injusticias, buen amigo y compañero, y con una aguda timidez, que lo hacía evitar el conflicto, actuar con prudencia, a veces excesiva, lo que, junto a su un tanto delicada salud, le impidió alcanzar metas mayores que su gran inteligencia hacía posible.

Ya doctor y con derecho a presentarse a oposiciones a plaza para ser profesor titular se sintió coaccionado por alguien con doctorado bastante posterior, y para evitar el conflicto, le cedió el paso, con gran sufrimiento interior, pues se sentía, con razón, con mayores derechos.

Afortunadamente pudo acceder después a una plaza de profesor titular numerario y se sintió reconfortado, pues podía ejercer libremente su vocación para la docencia e investigación universitaria, que por su capacidad y méritos tenía más que merecida, y podía abandonar su doble trabajo hasta entonces, pues había compatibilizado su trabajo en la Universidad con el de químico del Colegio de Arquitectos, necesario para mantener su familia con dignidad.

Eduardo Medina de la Rosa nació en Santa Cruz de Tenerife el 13 de octubre de 1946, hijo de Francisco Medina Martín, administrador del diario vespertino La Tarde, y de Eulalia de la Rosa. Estudia Bachiller en las Escuelas Pías en Santa Cruz de Tenerife, estudios que termina brillantemente, donde tiene compañeros entre otros a José Miguel Márquez, Javier Plasencia, Andrés Servando, Camilo Bell y Ricardo Tavío, que estuvieron presentes en el funeral de despedida.

Otro de sus compañeros de Bachiller fue César Tejedor, que no pudo estar presente, pero sí su hermana Marisa Tejedor, exrectora de la Universidad de La Laguna. También lo fue Isauro Abreu.

A continuación Eduardo inicia los estudios de la Licenciatura en Ciencias Químicas en la Universidad de La Laguna, que también realiza con brillantes calificaciones. En junio de 1970 finalizan la licenciatura en Ciencias Químicas Eduardo Medina de la Rosa, Amílcar Martín Medina y Gaspar Miquel. También fue compañero de estudios Matías López Rodríguez, después catedrático de Química Orgánica y rector de la Universidad de Laguna.

El 3 de julio de 1970 contrae matrimonio con María Teresa García Batista. Pasado el verano, inicia en el Departamento de Química Inorgánica la tesina de licenciatura, leída en junio de 1971 y calificada por el correspondiente tribunal (Antonio González González, Benito Rodríguez Ríos y Agustín Arévalo Medina, nada menos) sobresaliente y Premio Extraordinario de Licenciatura. También le acompañaron este año presentando sus tesinas de licenciatura: Josefa Pérez Díaz, María del Carmen González Fumero, Pedro Martín Barroso, Juan José Álvarez Colomer y Francisco García Manrique.

Eduardo Medina de la Rosa procede a continuación a realizar su tesis doctoral, investigación que compatibiliza con su trabajo como químico del Colegio de Arquitectos.

La tesis fue leída en mayo de 1977 y calificada por el Tribunal Sobresaliente Cum Laude. También leyó la tesis doctoral este año Francisco García Manrique. Tras alcanzar la plaza de profesor titular numerario de Química Inorgánica, Eduardo Medina renuncia al trabajo en el Colegio de Arquitectos y se dedica con dedicación exclusiva a su labor docente e investigadora en la Universidad de La Laguna. Ha publicado numerosos trabajos de investigación en revistas nacionales e internacionales, incluso en la prestigiosa Inorganic Chemistry (1993), con los profesores del departamento Pedro Gili y Pedro Martín Zarza.
El 17 de diciembre de 1999 tuve el placer de presentar, a petición de los autores Eduardo Medina de la Rosa y Juan José Álvarez Colomer, el libro La aluminosis. La corrosión del hormigón.

Los tres hijos de Eduardo (Rony, Eduardo y Pepón) estuvieron presentes en el acto del sepelio de su padre, celebrado el martes 15 de enero de 2013, a las diez horas, en el salón de actos del Tanatorio de Santa Lastenia, acompañados de familiares, compañeros de estudios y profesión, y numerosos amigos, donde se celebró un acto emocionante en su memoria: preparó el ambiente una de las piezas musicales preferidas de Eduardo, la Sinfonía del Nuevo Mundo de Anton Dvorak.

A continuación su hija e hijos mayor y menor, recordaron multitud de anécdotas, a veces divertidas, y vivencias emocionantes de la vida de su padre, y finalmente, al son de una de las canciones preferidas de Eduardo, You Got it, de Roy Orbison, la esposa y los tres hijos abrazados le dieron una emocionante despedida a Eduardo hacia la eternidad, teniéndolo siempre presente, ante el aplauso de todos los presentes.
Sus amigos y compañeros, que no lo olvidamos, también lo despedimos con sentidas palabras: descanza en paz, que te la mereces.

*PROFESOR EMÉRITO DE LA UNIVERSIDADA DE LA LAGUNA