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Luis de Borbón y Farnesio – Por Luis Ortega

   

Ayer, se clausuró en Madrid la exposición Goya y el infante don Luis, el exilio y el reino que, comisariada por Calvo Serraller, puso en valor la mejor pintura dieciochesca de España y, a la vez, recordó la figura del sexto hijo de Felipe V que, reconocidas las escasas posibilidades sucesorias, negoció con el papa Clemente XII la concesión del Arzobispado de Toledo y el título de Primado de las Españas que le fue concedido en 1735. Poco después fue nombrado cardenal presbítero de Santa María della Scala y en 1741 ocupó también la Archidiócesis sevillana. Luis de Borbón y Farnesio (1727-1785) fue el más culto y refinado de la familia y, tras dos décadas de ejemplar carrera eclesial, en 1754, comunicó a su hermano Fernando VI la renuncia a estas dignidades que le fueron aceptadas por el rey y el pontífice Benedicto XI. A cuenta de la licencia para contraer un matrimonio morganático con María Teresa de Vallabriga y Rozas (con la que tuvo tres hijos) su hermano Carlos III le impuso la condición de abandonar la Corte y desposeer a sus herederos de todos los títulos y honores. El Cardenal Infante -como se le conoció en su época- aceptó sin debate el injusto exilio y se refugió en las diversas propiedades incluidas en el Condado de Chinchón, que adquirió en 1761. En una espléndida finca de Boadilla del Monte, el arquitecto Ventura de la Vega le construyó su hermoso palacio, que se convirtió en un cenáculo de intelectuales y artistas que representaron el culmen de la Ilustración. Con trescientas piezas -donde se incluyen todas las manifestaciones plásticas y artes suntuarias- se representan sus inquietudes y los frutos de su mecenazgo sobre Francisco de Goya (presente con diecisiete obras), Luis Paret, artista de singulares cualidades y exquisito refinamiento y, junto a ellos, Mariano Salvador Maella, Luis Meléndez, Federico Madrazo, el retratista Antonio Rafael Mengs y los italianos Corrado Giaquinto y Juan Bautista Tiépolo, contratados por la Corona para la decoración de los Reales Sitios. Enriquece la exposición la recreación de un salón del Palacio de Arenas de San Pedro -donde falleció- y su gabinete de estudio, que refleja sus inquietudes, gustos y conocimientos de antropología, ciencias naturales, astronomía, arquitectura, ingeniería y música, esta última parcela personalizada en Boccherini que, acogido a su hospitalidad, compuso las obras más notables de su residencia española.