X

Más libertad – Por Casimiro Curbelo

   

Cuando un barco atraviesa una tempestad es el momento de mantener un rumbo firme, agarrar con fuerza el timón y dirigirse hacia una zona en calma. A nadie se le ocurre saltar por la borda a las aguas embravecidas y menos proponer que se desguace la embarcación. Hace años, los que construyeron la etapa de prosperidad y libertad más larga en la reciente historia de España diseñaron un sistema de representación moderno para que los ciudadanos expresaran su voluntad a través de las urnas. Hoy, que atravesamos una terrible tormenta económica y social, es el momento de plantearnos corregir el rumbo para cerrar las vías de agua que amenazan de hundimiento este proyecto de convivencia.

Nuestro país debía funcionar con unas Cortes Generales apoyadas en dos cámaras, el Congreso de los Diputados y el Senado. La primera fue concebida como una representación de todos los ciudadanos, por circunscripciones provinciales, votando una lista de representantes propuesta por los partidos políticos. La segunda, el Senado, se ideó para dar representación a los territorios o comunidades autónomas. La realidad a la que nos enfrentamos hoy es que el Congreso se ha convertido, de facto, en una cámara de los territorios donde los partidos de adscripción nacionalista manejan intereses generales conciliándolos con las estrategias e intereses de sus propias comunidades. El Senado se ha convertido o reducido a una cámara de segunda lectura con poca o ninguna entidad en el poder de decisión normativa en nuestro país. La primera urgencia que debemos afrontar en España es restituir el poder a los ciudadanos. Darles la capacidad de elegir más libremente a sus representantes y vincular de forma directa el trabajo de los elegidos a la voluntad de los electores. Listas abiertas y circunscripciones más locales que permitan a quienes votan conocer a los candidatos, controlar su trabajo y decidir después sus resultados. Los partidos políticos son piezas esenciales de la democracia y sobre ellos se construyen los proyectos de sociedad. Dar más libertad a los votantes es poner en sus manos, y en las de nadie más, el poder elegir a las personas que consideran más adecuadas para representar sus intereses. Y establecer que los elegidos, desde el momento en que lo sean, tendrían muy claro ante quienes tienen que responder de su trabajo. Conciliar la militancia en un partido político con la relación directa y sin intermediarios entre el cargo elegido y sus electores es la primera asignatura pendiente de esta democracia. Algo que restituiría la plena libertad de los ciudadanos para designar a sus representantes y otorgaría a los diputados un mandato directamente vinculado a sus ciudadanos representados, manteniendo la existencia de los partidos como organizaciones capaces de amparar bajo un paraguas común a quienes militan en una idea de sociedad, proveerles de medios para comunicarse con los ciudadanos y gestionar ideas y proyectos comunes para presentar al conjunto de los ciudadanos. Es hora de que el Senado se transforme en una representación de los territorios, donde se dé voz y capacidad de decisión a todas las sensibilidades de las comunidades de España. Y es hora de que el Congreso de los Diputados se constituya en una cámara de representantes directamente elegidos, en la máxima libertad de decisión, por todos los ciudadanos del Estado. Las voces que hoy claman por desguazar este barco, por romper las reglas de juego, por transformar la vida pública en un zarandeo permanente de asambleas y algaradas, son cantos de sirena del caos. No existe democracia que no sea un sistema de representación. Y sobre esa base debemos corregir el rumbo.

*PRESIDENTE DEL CABILDO DE LA GOMERA