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Monos en el espacio – Por Saray Encinoso

   

Lejos han quedado los días en los que la antigua Unión Soviética y Estados Unidos llevaban su enfrentamiento fuera de la órbita de la Tierra. La Guerra Fría se caracterizó por batallas en territorios aliados, pero también en el espacio. Nunca hubo un enfrentamiento directo. Sin embargo, la tensión generó una carrera espacial desenfrenada que disparó la inversión en innovación. El Sputnik y las aspiraciones de Kennedy tuvieron su reflejo en la gran pantalla y en los libros: se convirtieron en la imagen de una época. Eso ya ha quedado atrás, pero hace unos días Mahmud Admadineyad decidió que quería volver a ese tiempo en el que el liderazgo de las potencias se medía, en parte, por su presencia fuera del globo. Para ello, el presidente optó por enviar un mono al espacio exterior y se marcó como reto convertirse en 2030 en el primer iraní en viajar al espacio. Los problemas empezaron cuando el gobierno quiso dar cuenta de sus primeros logros y publicó las imágenes del mono después del viaje. Poco a poco la gente empezó a darse cuenta de que el mono que había salido al espacio no era el mismo que, en teoría, había vuelto. De hecho, se parecían bastante poco.

Todavía no se sabe muy bien qué fue lo que ocurrió, por qué el gobierno iraní decidió sustituir a uno por otro y obviar que miles de personas se podrían dar cuenta del juego. La historia del mono que viajó al espacio, que roza el ridículo, es el ejemplo más gráfico de lo que lleva ocurriendo en España desde hace demasiado. Muchos políticos se han pasado años y años intercambiando monos delante de nuestros ojos sin que nos demos cuenta. Mientras duró la prosperidad y todos vivimos anestesiados, no nos fijábamos en si la historia del principio se parecía todo lo que se tenía que parecer a la del final. Nuestra tolerancia del engaño era moderada; la crisis ha hecho que hoy ya no nos quede. Pero, así y todo, a veces seguimos cayendo en el mismo error: creer que solo los miembros de determinados partidos son capaces de jugar a este juego. La crisis debería convencernos de que para ser corrupto solo hace falta estar en el poder.

Kennedy dijo, en plena carrera espacial, que Estados Unidos no había elegido ir a la Luna porque fuera fácil, sino por todo lo contrario, porque era difícil. Acabar con toda la porquería que hay en este país es mucho más difícil y costará más tiempo, pero por eso hay que hacerlo.

@sarayencinoso