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Nivel de brujería – Por Alfonso González Jerez

   

Una familia de La Guancha ha denunciado a un vidente por estafa. Es como denunciar a un batracio por vivir en el fango. Un vidente honrado es una contradicción en sus términos. Como una Ana Mato sin confetis. Lo tristemente cierto que una pareja de hermanos contrató a un vidente que se publicita en una cadena de televisión local. En la finca familiar, al norte de la isla, habían aparecido varios animales muertos y restos de objetos que así, a simple vista, parecían artilugios de brujería. Un vidente no es menos que un pizzero y se presentó en el domicilio de sus clientes. Primero exigió visitar la finca “para medir el nivel de brujería” que padecía. La brujería presenta, efectivamente, varios niveles, hasta cinco, según el Malleus Maleficarum. Puestos a contratar -y ya que el Parlamento de Canarias parece dispuesto a contratarlo todo- quizás la Cámara regional podría encargar al vidente un detenido examen del salón de plenos. De acuerdo, jamás fue una sacristía, pero lo de los últimos años solo puede tener una explicación paranormal. El vidente, según el caso registrado en La Guancha, cobra algo menos de 60.000 euros, con lo que lo suyo sería un contrato menor, sin necesidad de enojosas convocatorias públicas, a las que podría presentarse hasta Ignacio González Santiago debidamente escudado tras alguna de sus sociedades mercantiles. Y lo que es peor, ganar el concurso. El vidente se instalaría junto al secretario general, con su brujeriómetro, para registrar las variaciones ambientales en la densidad esotérica del salón de plenos. En la pantalla de las votaciones figuraría el nivel de brujería transmitido on line. Entra Mercedes Roldós, sube a nivel tres; sale José Miguel Barragán, baja a nivel dos; toma asiento Francisco Luengo en el banco azul, incremento hasta el cuatro; llega Manuel Fernández, se salta al nivel cinco y se llama a los servicios técnicos de la Cámara, porque el aparato comienza a echar humo y los ujieres a persignarse. No creo que los diputados lleguen a enterarse. Nunca se enteran de nada, es más, en esa hacendosa ignorancia concentran todos sus esfuerzos. Por desgracia el vidente de La Guancha era un vulgar vidente, es decir, un estafador. La finca continúa embrujada mientras la familia ha perdido los ahorros de toda una vida. Pese a las demandas judiciales, el vidente no se ha inmutado, y desde la televisión lo niega absolutamente todo a través de entrevistas en las que se encarga al mismo tiempo de preguntas y respuestas. No, no es Luis Bárcenas. No lleva gabardina.