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El ‘papa negro’ abrió el camino – Por David Sanz

   

La renuncia del papa Benedicto XVI me ha traído a la memoria la decisión que adoptaron los últimos prepósitos generales de la Compañía de Jesús, la máxima figura de gobierno de esta orden religiosa, que se conoce también bajo la denominación del papa negro, por la indumentaria. Los jesuitas Arrupe y Kolvenbach, también con una designación vitalicia como la papal, decidieron dejar de estar al frente de la orden religiosa más influyente de la Iglesia por cuestiones de salud. Aunque en el caso de Arrupe influyó decisivamente la embestida de Juan Pablo II contra la apuesta que realizó el jesuita vasco por el compromiso con los más necesitados y sumergir a la orden en las fronteras de la sociedad, la ciencia y la cultura. Movimientos como la Teología de la Liberación, que germinaban de universidades jesuíticas de América del Sur, eran un quebradero de cabeza para la curia romana.

El fantasma del marxismo atemorizaba a los pasillos del Vaticano, bajo la vigilancia inquisidora del entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Joseph Ratzinger, que después sería elegido papa. Wojtila se enfrentó a los jesuitas y, en su lugar, apoyó a las organizaciones religiosas de carácter conservador, como el Opus Dei, que fue ganando protagonismo en la Iglesia bajo su papado y su líder encumbrado a los altares. Arrupe, que era un hombre profundamente ligado a la Iglesia, sufrió gravemente y en silencio esta contrariedad por parte de la persona a la que le había hecho voto de obediencia perpetua. Fue este general de los jesuitas quien matizó que el espíritu de la norma que rige el nombramiento de general de la orden de los jesuitas no es tanto ad vitam como ad vitalitatem. Es decir, mientras tenga vitalidad para poder realizar la enorme responsabilidad de quien está al frente de una organización tan extendida sobre el planeta y plural como es la Compañía de Jesús. Su sucesor, Peter-Hans Kolvenbach, hizo lo mismo en el año 2008, cuando anunció su decisión de abandonar el gobierno de la orden. Previamente había recibido el consentimiento del papa blanco. Hay quien incluso postula que Ratzinger dio esta autorización a Kolvenbach pensando que en un futuro no muy lejano debería tomar una decisión similar, como así ha sido. Esto último son meras hipótesis, pero lo cierto es que los jesuitas, como en muchas otras cosas, se adelantaron a los tiempos.