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Pérdida de papeles – Irma Cervino

   

Nuestro tesorero ha dimitido. Después de contarnos que nuestra comunidad de vecinos no era legal porque todos estábamos de alquiler, ha decidido dejar su cargo y su piso. Aunque todavía le quedan un par de cosas, ya terminó el grueso de la mudanza que hizo en menos de dos días y sin ayuda siquiera de su mujer que no ha podido superar la pena. El último día, hubo un momento de tensión. Francisco José, el botones, paró el ascensor y no dejó salir al tesorero cuando éste intentaba largarse con todos todos los papeles de la falsa comunidad.

“De aquí no sale hasta que se los devuelva a la presidenta”, le amenazó. Yo me enteré porque empecé a escuchar gritos y golpes en el ascensor y subí al quinto para avisar a Bernardo, el taxista que es el que está acostumbrado a sacar a la gente del aparato cuando se traba. Al abrir la puerta, Francisco José tenía al tesorero agarrado al cuello contra la pared y la pierna derecha aprisionando los papeles que se le habían caído al suelo del forcejeo. Bernardo trató de calmar al botones que al final cedió. “No tengo nada que ocultar. Se pueden quedar con todos los papeles. Yo solo he cumplido órdenes de la presidenta”, gritó de malos modos y salió corriendo hacia el coche de Magens que le esperaba en el vado permanente con las últimas cajas.Con el escándalo que se montó, el padre de los Padilla salió a la escalera y al enterarse de lo sucedido decidió secuestrar los papeles para llevárselos a un amigo suyo que hace falsificaciones “por si nos vemos en la necesidad de ello”. Por mucho que intentamos hacerle entrar en razón, el hombre desapareció con ellos como alma que lleva el diablo. Los tres nos quedamos boquiabiertos y más cuando dos minutos más tarde entró en el edificio el inspector Chinea que empezó el interrogatorio. “Acabo de ver al tesorero en un camión de mudanza. ¿Se va?” Bernardo nos miró y entendimos que nos decía que él hablaría. “Sí, inspector. Su mujer es alérgica a las palomas y ya sabe que en esta calle hay muchas”, le dijo. Chinea hizo como que se lo creía pero estoy segura de que sospecha algo raro. Por la noche, mientras Francisco José le preparaba al inspector un café con leche y medio de salami en el cuartito de los contadores -ya se ha convertido en algo habitual- Brígida me vino a buscar a mi casa para pedirme que subiera porque Úrsula quería hablar conmigo. Me invitaron a pasar al salón y allí, en uno de los sofás, estaba también Bernardo que como está intentando ligar con la presidenta, ya le había contado lo sucedido. “Niña, tengo una misión para ti”, me dijo. “Tienes que conseguir los papeles que se ha llevado el Padilla antes de que se los entregue a su amigo mafioso. Si no lo haces, nos meterán a todos en la cárcel ¿lo entiendes?” Sí, claro. Lo entendí.