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Pídeme lo que quieras…

   

REBECA DÍAZ-BERNARDO | Santa Cruz

Chicas, lo logré, y estoy que no quepo en mí de gozo, vamos, es que me quedan chicas hasta las gafas de ver porque la he encontrado, y mira que la he buscado y la tenía delante de mis narices y ahí estaba ella, con su carita de angelote que no ha roto un plato, su marido, sus niños…

Escribiendo desde hace unos diecisiete años desde un pueblecito de Madrid, mi querida nueva amiga ha logrado que vean la luz doce novelas suyas, además de tres relatos cortos y dos cuentos, y desde 2010 arrasa como una leona cada vez que se presenta a un concurso de nueva novela Romántica, porque sí, mis niñas, hablo de una auténtica aspirante al título que Corín Tellado dejó vacante hace ya un tiempo, hablo de una moderna escritora de modernas historias de amor y desamor, de celos, intrigas, lujuria y pasión entre hombres guapérrimos y mujeres guerreras del siglo XXI, chicas estupendas de cabellos sedosos y piernas que les llegan hasta las orejas de lo largas que son, porque hablamos de relaciones estupendas, muchas veces con momentos cómicos dentro de la tensión que se pueda generar (sus lectoras dicen que se parten leyéndola) y situaciones descritas en escenarios exóticos e impensables.

Hablo de Megan Maxwell, y de su ya larguita trayectoria ciñéndose a historias románticas, ya sea de corte juvenil, Chick Lit se llama, o de corte Histórico o también Time Travel de esas con chicas de hoy día que con magia potagia aparecen en una Escocia medieval poblada de macizos highlanders en faldas a cuadros y sin nada debajo… hasta que hace un año aproximadamente su vida se vio desbordada porque en 2012 parió su penúltima criatura, Pídeme lo que quieras, y por obra y gracia de las musas y de las coincidencias del Universo ya sabemos lo que sucedió también el año pasado en estas lides de novela erótico-festiva que las llamo últimamente yo…
Porque es que en su poco tiempo de vida Pídeme lo que quieras ha sido finalista en la categoría de Erótica y galardonada con el Primer Premio Pasión por la Romántica, desbancando a la mismísima Cincuenta Sombras de Grey, poniendo a Megan a la altura de E. L. James, y me arriesgaría a decir que incluso más porque a Megan es que le caen mails de lectoras admiradoras desde el otro lado del charco y ¡le acaban de confirmar la traducción de la novela al turco!… tócate la peineta.

Un guaperas alemán, Eric Zimmerman que decide viajar a España para supervisar las delegaciones de la empresa de su difunto padre. Una estupenda española morenaza y de no te menees, Judith, joven, ingeniosa y simpática de la que él se encapricha de inmediato.
Ella sucumbe a la atracción y acepta formar parte de sus juegos sexuales, repletos de fantasías y erotismo y junto a él aprenderá que todos llevamos dentro un voyeur, y que las personas se dividen en sumisas y dominantes… Pero el tiempo pasa, la relación se intensifica y Eric empieza a temer que se descubra su secreto, algo que podría marcar el principio o el fin de la relación… ¿Te suena?, ¿nos suena?…

Bueno, pues para que no te quedes con las ganas te cuento que si antes te dije que esta es su penúltima criatura es porque en un mes sale a la luz la segunda parte y Megan está inmersa en una tercera o secuela que narrará la historia del mejor amigo de Eric Zimmerman y me imagino que entonces enseguida habrá también una segunda parte de la misma, y lo siento para las que no crean en las casualidades pero insisto y ahí están las fechas de edición y publicación y demás; esto no es una copia, esto no son medias tintas, te cuento que encontré la réplica nacional, te cuento que escribe en español, te cuento que vive a las afueras de Madrid, y te estoy diciendo que quienes la han leído dicen que se sale, que te pone los pelos como escarpias, y que pretende seguir haciéndolo por mucho tiempo más.

Como mínimo, hasta que el cuerpo aguante y mientras su madre, su marido y sus hijos sigan jaleándola a continuar escribiendo y, sobre todo, mientras su madre que tiene toda la pinta de ser como la mía, la presidenta del club de fans, siga empujándola a hacerlo cada vez más caliente y dando más caña.

¡Yo que ustedes permanecería atenta!