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Pistorius, prótesis y pistola (y II) – Por Rafael Muñoz Abad*

   

El Cape Times, que viene a ser algo así como El País de Sudáfrica, abría con el siguiente titular: “El caso Pistorious examinará el sistema judicial sudafricano ante el mundo”. La vista, que será la más mediática desde los sumarios de la Comisión para la Reconciliación y la Verdad, cuyo objetivo era devolver la dignidad a las miles de víctimas del apartheid a través del arrepentimiento público (sin carga penal) de aquellos que las perpetraron. En su inmensa mayoría, blancos del grupo afrikáner. El renovado edificio judicial sudafricano se cimienta bajo uno de los textos constitucionales más vanguardistas, ya no sólo de África, sino del mundo occidental. Un sistema cuyo principal cliente no ha cambiado en décadas: la violencia civil.

La justicia del apartheid era un viejo damero en blanco y negro cuya vil virtud residía en un entramado que sólo era garantista para las casillas blancas. El juicio se ha convertido en un serial que mantiene a los sudafricanos de todos los colores absortos ante la televisión. El reparto sienta en el banquillo a un blanco acaudalado; un héroe nacional acusado de coser a tiros a su (igualmente) popular novia. La calle negra más escéptica, a pesar de que el magistrado Desmond Nair sea un negro, declara que se trata de un asunto entre whites ricos que demostrará que nada ha cambiado. El proceso Pistorius, que ya genera ríos de tinta y acabará en el cine, más allá de ser una prueba que mida el grado de equidad del poder judicial, se enfrenta a la herencia de un pasado aún reciente y, en muchos casos, todavía presente. Y es que la fianza de un millón de rands impuesta al atleta viene a demostrar que éste se halla lejos de ser un delincuente común. Pistorius, que no sólo se enfrenta a los cargos de asesinato, sino a la poderosa inercia fractal del complejo trasfondo cultural e histórico de una sociedad extremadamente heterogénea cuyas barreras sociales aún son una realidad de facto puede convertirse (paradójicamente) en la mejor campaña publicitaria para demostrar que todos los sudafricanos son iguales ante la ley.

*CENTRO DE ESTUDIOS AFRICANOS DE LA ULL
cuadernosdeafrica@gmail.com