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después del paréntesis>

Rajoy – Por Domingo-Luis Hernández

   

Dice Rajoy que Rubalcaba se está portando mal, muy mal. Y así procede contra el digno y sin lacra gobernante de un país llamado España. Cuentan que Rubalcaba dijo “acuse de recibo” y que por eso don Mariano comparó. No se refirió a la implacable estrategia del PP en los dos últimos años de la legislatura socialista, en la que el presidente de un país llamado España hubo de oír repetidamente, y entre otras cosas, que era tonto. Eso no; el asunto es que el PSOE arrastra en sus espaldas casos de corrupción y eso libra de pecado al PP. Luego, en honor a la democracia y a la dialéctica en la democracia, ¿la política es nefasta cuando la aplican los contrarios, o la política es política, incluso cuando se den a aplicarla los contrarios? Dicho de otro modo, ¿cómo se justifica que un partido político pretenda callar al jefe de la oposición y a la oposición entera ante uno de los casos más sangrantes de corrupción institucionalizada en España? Aberrante esa actitud. Para la democracia en la que dicen creer y para el país que dicen defender.

Rajoy es honrado, queda constancia, no se le conoce vicio alguno, menos el vicio extendido de la corrupción. Lo cual nos lleva a suponer, dada la diatriba montada por Rajoy y el PP, que eso de la corrupción no sólo tiene varias medidas sino que las medidas han de ajustarse bien, muy bien. Es decir, la financiación de los partidos en España es la que es y el disgusto de los ciudadanos ha de detenerse en la ambición desmedida de algunos (pongamos Bárcenas o los ubicuos perceptores del tanto por ciento correspondiente de los manejos de CiU, de quien no conocemos los nombres). Esos para la justicia, si hubiere lugar. Las otras cantidades forman parte del sustento imprescindible de un partido para el bien de la democracia de España. Que Rubalcaba se calle, pues, que don Mariano sigue siendo honorable, igual que la ministra Ana Mato. Para el discurrir de la democracia de España tal proceder es un afán sin tacha, aunque algunos dineros (pocos, no se crean), volaran a Suiza y una parte fuera legalizada convenientemente por el donaire del ministro Montoro, que para eso está.

De manera que la verdad no cuenta con nombres propios, ni apellidos. Mentira. Y amenazas. Quien se mueva va a vérselas con la denuncia correspondiente ante los tribunales. Sólo algunos casos (casitos) contestó Rajoy en Alemania, pero lo mayor, infundio.

De donde, hay alguien que quiere mal al PP. Bárcenas dice que él no. ¿Quién? ¿Quién le ofreció el material a El País, con qué registros opera El Mundo? ¿Falsos? Los expertos caligráficos sostienen que la letra coincide con…, esto es, que tiene dueño. Sería interesante que el PP se querellara contra Bárcenas. La pregunta que conmueve a los ciudadanos de este país es si lo harán, si le darán medios convenientes a la justicia para que opere como debe operar, o si dejarán pudrir el asunto para que fermente en el hoyo en el que ha de fermentar.

Que este país no es creíble, se constata. Que la medida es doble, también. ¿Entonces? Ayuno para los ofendidos y sojuzgados, caricias para los nobles y que Rubalcaba calle. Eso queda: una mirada aviesa contra lo que no nos merecemos.

Y Rajoy no dimite. Más aún, sostiene la saña ideológica que ha llevado al paro, a la desesperación y la indigencia a muchos. Y otra cosa: la calidad de la democracia no es un principio axial de la política. Resumen: la desvergüenza envilece. Y más: el resto del mundo no sólo nos mira sino que nos ve.