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La renuncia de Melchior – Por Francisco Pomares

   

Antes de las pasadas elecciones, Ricardo Melchior ya había dicho que esta sería la última vez que se presentaría a la presidencia del Cabildo. Y después, una vez ganadas, permitió que circulara el rumor de que dejaría la Presidencia antes de terminar su mandato. Esa decisión, que parece ya firme, responde a factores muy diversos, entre los que la decisión de dejar a su sustituto colocado no es el de menor importancia. Melchior quiere garantizar la continuidad de su vicepresidente, Carlos Alonso, un economista de 40 años al frente de la Corporación insular, y la mejor forma de lograrlo es imitar el modelo de transición de poderes ya ensayado por Ana Oramas cuando renunció a la Alcaldía de La Laguna para colocar a Fernando Clavijo.

El formato está, pues, probado. Y en el caso de Clavijo funcionó bien: Clavijo supera hoy en La Laguna la aceptación de Ana Oramas, y se ha convertido, además, en secretario general de su partido en la Isla, sin ocultar su falta de sintonía con el presidente Rivero. Pero en esta ocasión la sustitución tiene alguna dificultad añadida: la primera viene dada por el desgaste político y electoral de Coalición. Los optimistas confían en que ese desgaste sea común a todos los partidos, y los porcentajes de voto en Tenerife no varíen demasiado en 2015. El deterioro de la imagen del Gobierno de Canarias y de su presidente, a quien se identifica con la política de recortes de la Administración canaria, es menos intenso en los municipios fuera del área metropolitana, en los que Coalición conserva una gran implantación. Es por ello bastante probable que Coalición continué siendo la fuerza política más votada al Cabildo -en las últimas elecciones, a pesar de un cierto retroceso sobre las anteriores, aún superaba al PP en más de un tercio de los votos-, y que eso permita a su candidato conservar la presidencia insular.

El otro problema es más complejo, y tiene que ver con la indefinición de Clavijo en relación con su propio futuro político. Todo hace pensar que aspira a gobernar Tenerife en 2015, y que la decisión de Melchior no le facilita las cosas, pudiendo abrir además una fisura en la unidad de acción de esa mayoría de Coalición que no quiere que Rivero repita en la Presidencia del Gobierno.

Esas dos claves, unidas al mayor o menor éxito público de la gestión de Alonso y lo que digan las encuestas preelectorales, serán determinantes para decidir quién sucederá a Melchior más allá de estos próximos años. De momento, lo que parece claro es que él ha tomado la iniciativa para garantizar la continuidad en 2015 del hombre que considera más adecuado.