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Saida Prieto, una verdadera reina – Por Sergio García de la Cruz

   

A veces la vida nos sorprende de la peor manera posible. Otras, en cambio, lo hace mostrándonos su mejor cara. A mí me la mostró cuando te conocí. Nunca pensé que me dirigiría a ti de esta manera, ni bajo estas circunstancias. Mentiría si dijera que no estoy sufriendo. El miércoles la vida te asestó un duro golpe, uno de los peores mazazos que te podía dar. ¿Quién iba a suponer que esto ocurriría? Que impotente me siento, mi querida amiga.

Hoy no hablaré de medidas de seguridad o de protocolos nefastos o inexistentes, o de cuan egoístas podemos llegar a ser. Hoy no, amiga. Hoy los protagonistas solo seremos tú y yo. Hay tantas palabras que quiero decir, tantos momentos que quiero recordar, tantas cosas que quiero cambiar… Son estos los momentos en los que recuerdo cuando nos conocimos. Recurro a mi memoria rescatando cada una de tus sonrisas. Tú, como siempre, tan animada, sonriente y dicharachera. Aparecías y desaparecías. Llegabas como un torbellino y, de la misma manera, de repente, te ibas. Y así transcurrieron los años, entre idas y venidas. Vivimos juntos cada alegría y cada una de tus tristezas. Sabías dónde estaba tu casa y ese hombro en el que apoyarte para reír o llorar. Sabías con quien podías compartir tus cuitas de amor, tus triunfos, tus éxitos y tus fracasos.

Saida, sé que son momentos duros para ti, pero, por la inmensidad de tu corazón, por todas las cosas maravillosas que haces, por todo el amor que das, por los maravillosos momentos que hemos compartido y por todas las cosas nuevas que me has enseñado, te pido que seas fuerte y regreses pronto. Yo creo en ti. No me olvido de ti. Estás tan lejos, pero a la vez tan cerca… Cada susurro que escucho me hace creer que estás a mi lado. Tu hija, tu familia, tus amigas, tu comparsa,… todo lo que te rodea es alegría. Aun tienes muchos amaneceres que ver y atardeceres que disfrutar, muchos sueños e ilusiones que cumplir.

Ahora, permíteme que regrese a mi letargo y te cuente mi verdad. Hoy he salido cansado de trabajar, desde esta mañana mi día ha sido de los de no parar. Esta tarde hemos hablado y me has dicho lo nerviosa que estabas, pero tu ilusión lo podía todo, te veías ganadora, yo también lo deseaba.

En mi cabeza resonaban las palabras: “Santa Cruz ya tiene reina: Saida Prieto Hernández”. Espero que sepas perdonarme, pero he de confesarte que por el agotamiento me he quedado dormido ante el televisor, justo antes de que tú salieras. Desde entonces, estoy sumido en una horrible pesadilla de la que solo tú puedes despertarme. Ahora es cuando soy yo el que te pide algo, que vengas y me despiertes.

www.sergiogarciacruz.com