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Santiago Cervera – Por Luis Ortega

   

Un avance de las actividades del IVAN nos puso otra vez en la onda de un suceso que, tras el ruido inicial, cayó en el silencio, que no en el olvido. A su tiempo conoceremos los pormenores de la imputación -como presunto autor de un chantaje al presidente de Caja Navarra- del que fuera máximo responsable del Partido Popular en la Comunidad Foral y diputado del Congreso por Madrid. Santiago Cervera (1967) fue detenido en diciembre, tras recoger un sobre en una grieta de la muralla pamplonica en el que el denunciante -José Antonio Asiain- depositó veinticinco mil euros, presuntamente reclamados por el parlamentario, que dimitió cuando estalló el escándalo. En su defensa, el marido de Mónica Ridruejo -en trámite de divorcio- dijo que acudió a la cita, propia de un carpetovetónico rififí, porque, en un email anónimo se le ofrecieron pruebas reveladoras de la mala gestión de la entidad, de la que él había advertido a su partido. Sin embargo, el presunto chantajeado avisó a la Guardia Civil de la petición y facilitó la detención del político con la cantidad demandada. El secreto sumarial impidió cualquier filtración sobre el extraño incidente en el que Cervera se proclamó “víctima de una trampa”. Entonces se conoció también su separación de la que fuera primera directora de RTVE con Aznar en La Moncloa que, fracasada en su cargo, fue premiada con un acta en la Eurocámara y, luego, con asientos en consejos de administración y el Patronato del Centro de Arte Reina Sofía. La unión con el político navarro, más joven que ella, apenas duró cuatro años y tuvo aspectos muy comentados en el papel cuché; por ejemplo: en la boda, celebrada en la mallorquina Cala D’Or, las arras fueron portadas, con gracia y solemnidad, por el perro de la pareja (¿acaso se puede pedir más?). A la pintoresca ceremonia asistió parte de la cúpula popular que, ahora, muestra su respeto por las actuaciones judiciales y no invoca la socorrida presunción de inocencia. Una secuela del hecho, propio del país donde todo es posible, es que, en el próximo marzo, Ridruejo (1963) expondrá sus pinturas, nada más y nada menos, que en el Instituto Valenciano de Arte Moderno. Otra sorpresa, toda vez que a la señora no se le conocían facultades, o aficiones, pictóricas. Al margen de las frivolidades, lo importante será saber lo que pasó y, de paso, aclarar las peligrosas relaciones y sonados desencuentros entre políticos y directivos de las financieras territoriales de ahorros. ¿No les parece?