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Sobrecogidos – Por Francisco Pomares

   

No esta el patio para muchos más sustos. Pero la publicación por el periódico El País de las cuentas secretas de Bárcenas abre una crisis institucional sin precedentes. No sólo porque señala como presuntos delincuentes y evasores fiscales a los principales gobernantes de este país que antes llamábamos España, sino también porque -si las libretas de Bárcenas no son un montaje, y resulta muy difícil creer que lo sean- descubren que la podredumbre de las élites es algo generalizado, en lo que participan cómplicemente políticos, empresarios y banqueros.

Aquí no estamos ya sólo ante un sistema de financiación ilegal de los partidos, sino ante un entramado político, económico y financiero para drenar recursos originados por la vía de inflar contratos públicos, hacia personas concretas, con nombres y apellidos. Un sistema que habría permitido a Bárcenas amasar una fortuna fabulosa, mientras adormecía a los suyos con suculentos trozos del pastel. El que esta indecencia se trate de algo extendido a la práctica totalidad de la cúpula del PP (no hay muchos libres de este pecado), y que el latrocinio organizado se proyecte en el tiempo desde hace dos décadas, estando el PP en el poder o estando en la oposición, vendría a demostrar que el sistema no es de ninguna forma una excepción o un hecho anecdótico. Durante veinte años, repartir y recoger sobres ha sido la norma. No estamos, pues, ante una manzana pocha que ha contaminado a un par más que se encuentran alrededor. Estamos ante un cesto de fruta podrida, en el que -si quedara alguna manzana sana- es poco probable que haya escapado del contagio.

En un país diferente al nuestro, este escándalo provocaría -más tarde o más temprano- una monumental crisis de gobierno y una investigación extraordinaria de las Cámaras y los tribunales. En el nuestro parece que quieren saldarlo con un par de vehementes declaraciones de los afectados diciendo que todo es una invención del antiguo amigo Bárcenas. Y con el trabajo de los especialistas en porquería, aventando historietas de menor calado para que creamos que tampoco es tan grave que los algunos políticos roben, porque al final todos hacen lo mismo. Pero no nos dejemos confundir: no es lo mismo cobrar un sobresueldo ilegal que una compensación desproporcionada por transporte o una dieta inmerecida. Si lo de Bárcenas es cierto, estamos ante el mayor escándalo de la democracia española. Y alguna consecuencia tendrá que tener.