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Que ‘Asís’ sea – Por Luis Aguilera

   

Si el Dios del cielo es argentino y Diego, el de la tierra, también, lo coherente es que haya un papa argentino. Pero yo pecador me confieso que no me fío del Espíritu Santo y que me viene al gollete el viejo refrán de que no hay cuña que más apriete que la del mismo palo. Asocio la designación de Bergoglio al momento político en que a la Europa del Este le dieron fumata blanca con un papa polaco. ¿Vendrán por ahí los tiros?

A la Iglesia Católica se le está yendo América Latina de las manos y nada mejor que uno de los suyos para apuntalar el corral. Por más de un roto en la cerca se le escapa el rebaño que durante siglos fue dócil manada.

No están lejos los tiempos en que sus príncipes se aliaron a las peores dictaduras. Cuando Videla daba de hostias, ellos se las daban a él. Y mientras Pinochet masacraba, ellos oficiaban Te Deum para que luciera inocente bajo su capa prusiana. Y cómo no recordar que aprobaron con su silencio que a las madres torturadas, y que parieron encadenadas, les robaran los hijos para que los criaran “familias verdaderamente cristianas”.

Hagamos una salvedad: consiguieron que en los vuelos de la muerte a los desaparecidos se les arrojara vivos pero drogados. Debe ser virtud el detalle.

Y digo que se les está yendo el poder porque ciertos gobiernos para algunas cosillas no están pidiendo permiso. Hay leyes que permiten el aborto, Dios mío, y leyes con igualdad de derechos para los homosexuales. A propósito, Francisco, el que viajaba en metro, con la ley del matrimonio igualitario llamó a la “guerra de Dios”. Qué susto. Pero tiene su lado bueno. La moneda está en el aire: a ver por cuál de sus caras cae. Y que todo no se vaya en divinas palabras. El santurrón Juan Pablo II sabía endulzar los oídos a la parroquia. De todo lo que dijo no queda trecho ni hecho.

Esperemos, pues, con indulgencia que este sudaca nos dé una sorpresa. Quiere una Iglesia pobre para los pobres. Y empobrecer a la Iglesia no es tarea venial. Además de sus mafias, su riqueza es infinita. ¿Vaciará el Ambrossiano, subastará palacios, tierras, obras de arte, empresas y tanta chatarra de oro para dárselo a los pobres? Este… che… Que Asís sea.