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El caso de la exportación de camellos canarios a Australia, en 1840

   

Un campesino ara la tierra, en el Sur de Tenerife (principios del siglo XX)

Un campesino ara la tierra, en el Sur de Tenerife (principios del siglo XX).- Foto cedida por la FEDAC.- Autor: desconocido.

AGUSTÍN M. GONZÁLEZ | Santa Cruz de Tenerife

El camello fue traído de África a Lanzarote y Fuerteventura después de la Conquista como botín de guerra, pero pronto se advirtió la utilidad de dócil y resistente animal y se extendió su presencia a otras partes del Archipiélago canario. Se adaptó perfectamente al clima y el paisaje, sobre todos de las islas orientales, y desde entonces forman parte de la historia de Canarias. En tiempos en que la automoción era casi ciencia ficción y aún no se habían inventado ni camionetas, ni tractores, ni los todoterreno, el camello se utilizó como medio de transporte para grandes cargas, acarreando piedras, arena y cuantos materiales de construcción fueran necesarios. Podían caminar largos trechos sin agotarse y sin requerir cuidados especiales. Fueron también muy importantes estos animales en las tareas agrícolas hasta bien entrado en siglo XX, ya fuera la trilla o el arado, supliendo a otros animales de arrastre menos resistentes. Incluso, su participación resultó crucial en apoyo de las milicias que se encargaban de la defensa de las Islas. En Canarias se les denominó camellos aunque verdaderamente eran dromedarios, ya que posee una sola jibia o joroba. En el Sur de Tenerife se mantuvieron activos en el campo hasta mediados del siglo XX. Tal fue su implantación y su importancia que algunos topónimos de esta zona aluden al valioso animal: Hoya del Camello, La Camella, Llano del Camello, etc.

Destacan los expertos que la incidencia del camello sobre la geografía insular fue relevante. Colaboró en la creación de paisajes, transformando terrenos, levantando terrazas, así como medio de transporte o en labores agrícolas. Fue a principios del siglo XX, con el desarrollo de los cultivos de legumbres y cereales de secano, así como de las cebollas, cuando el camello adquirió un lugar privilegiado en la ganadería de las Islas. Llegó a ser entonces el animal más codiciado, símbolo de prosperidad y signo de cierto estatus social. En la década de los 40 existía en Canarias una cabaña de más de 3.000 dromedarios.

Los camellos se introdujeron en el Nuevo Mundo, en América, a través de Canarias. Pero lo que muy poca gente sabe es que también se exportaron desde aquí a Australia. Iván del Castillo recoge en uno de sus trabajos que N.E. Phillipson, en su estudio Los camellos en Australia (1895), relata la llegada del primer camello a ese continente. El gobernador del sur de Australia escribió al comisionado de la colonia recomendando que los camellos fueran introducidos en las zonas áridas del Norte de Adelaida. La recomendación del gobernador fue tomada en consideración y en dos meses media docena de camellos fueron embarcados desde Tenerife en un vapor de la línea Appoline. Solo uno sobrevivió al viaje; llegó al puerto de Adelaida el 12 de octubre de 1840. Años más tarde, en 1846, los hermanos Phillips, que emigraron de Inglaterra a Australia, importaron otros nueve camellos de Canarias. Estos animales los compró John Horrocks, que fue el primero en utilizarlos para explorar la zona norte de Australia del sur.

Hoy, el camello canario es una raza reconocida, y hay 1.200 ejemplares en las Islas.