X
avisos políticos >

Creyentes – Por Juan Hernández Bravo de Laguna

   

Se ha producido la sorpresa que se supone es consustancial a todo cónclave y que se resume en la famosa frase de que quien entra papa en la capilla Sixtina sale cardenal. Los medios han destacado la excepción de Elisabetta Piqué, corresponsal en Italia del diario argentino La Nación, que había anticipado en sus crónicas romanas las posibilidades del arzobispo de Buenos Aires. Pero lo cierto es que los grandes favoritos de los reales o presuntos vaticanistas eran Angelo Scola, el recién nombrado arzobispo de Milán, la que se considera mayor diócesis católica después de Roma, y antiguo patriarca de Venecia, en caso de un italiano; y el canadiense francés Marc Ouellet y el brasileño arzobispo de Sao Paulo Odilio Scherer, en caso de extranjeros. Todos ellos reúnen las condiciones que se estiman necesarias para aspirar al papado, incluyendo el dominio de varias -muchas- lenguas.

En particular, las opciones de Scola se consideraban muy altas, hasta el punto de que en la hora que transcurrió entre la fumata blanca y el anuncio del nombre del nuevo papa, el diario Avvenire y nada menos que la propia Conferencia Episcopal italiana anticiparon la noticia de su victoria, en lo que constituye un desliz informativo incomprensible y descalificador, solo explicable por aquello de que los deseos se confundieron con la realidad. Los obispos italianos llegaron, incluso, a enviar al cardenal de Milán un confuso mensaje de felicitación, inmediatamente rectificado. El periódico La Stampa se ha hecho eco de esta decepción, y asegura que fueron los propios cardenales italianos quienes malograron las posibilidades de Scola.

Aunque la revelación de lo sucedido en el cónclave está penado con la excomunión, de uno u otro modo con el paso del tiempo se podrán ir atando cabos informativos y conociendo sus pormenores. Ahora mismo la agencia Ansa especula con la hipótesis de una posición destacada inicial, ya desde la primera votación, de Jorge Mario Bergoglio y de una posterior retirada del milanés, incapaz de alcanzar los dos tercios necesarios, pero poseedor de una minoría de bloqueo que podía frustrar la elección del argentino. Se repetiría así lo sucedido en el cónclave de 2005, en el que fue el arzobispo de Buenos Aires quien se retiró para permitir que fuera elegido Joseph Ratzinger. Bergoglio necesitó cinco votaciones y Ratzinger cuatro. Si este escenario fuera cierto se habría producido una especie de continuidad entre los dos cónclaves, quizás propiciada porque más de cuarenta de los 115 electores del último tomaron parte también en el anterior. En esta línea, se dice, por ejemplo, que en el cónclave de 1978 que eligió a Albino Luciani, ya el cardenal primado de Polonia Stefan Wyszynski, que luchó incansablemente en contra del régimen comunista polaco y fue un símbolo de la resistencia antisoviética en su país durante la llamada guerra fría, había postulado con relativo éxito la candidatura de Karol Józef Wojtyla, elegido poco después a la prematura muerte de Luciani. La hipótesis que ha perdido fuerza es una elección de Bergoglio solución de compromiso ante el empate permanente entre Scola y Scherer.

Tanto en el Cónclave de 2005 como en el actual, la candidatura del cardenal argentino parece haberse basado en su espiritualidad radical, su rechazo del lujo y los honores, y su compromiso con la pobreza y con los desfavorecidos. Se ha destacado que en Buenos Aires no vivía en el palacio arzobispal, sino en un modesto piso, y que era usuario habitual del transporte público. Al día siguiente de su elección, insistió en acudir personalmente al hotel romano en donde había vivido los días anteriores al cónclave para recoger su maleta y pagar la cuenta. Se trata de gestos encomiables, por supuesto, si bien siempre existe el peligro de que se queden en meros gestos al borde de la demagogia. Por otra parte, resulta evidente que su elección responde en igual medida a su condición hispanoamericana, al deseo de los cardenales de anclar con mayor intensidad a la Iglesia en unas sociedades que reúnen a más del 40% de los católicos del mundo y que plantean problemas como la teología de la liberación o el avance de los evangélicos.

Los cardenales han votado en 2005 y ahora por la espiritualidad: intelectual y teológica en Ratzinger, y popular y sencilla en Bergoglio. Parece lo propio y es absolutamente coherente. Sin embargo, ¿basta con la espiritualidad para encarar los graves y poco espirituales problemas actuales de la Iglesia, desde la insostenible situación interna vaticana hasta la pederastia extendida por todas partes? Cuando el mayordomo del papa, que se encuentra a su lado constantemente y le sirve la comida, traiciona su confianza y le sustrae miles de documentos privados, no es posible ocultar que algo muy esencial y primario se está desmoronando. Y así, Benedicto XVI fue sobrepasado por las circunstancias, le faltaron las fuerzas y protagonizó una renuncia sin precedentes en los tiempos modernos.

Un viejo -y amable- chiste romano dice que en la curia te puedes encontrar de todo, incluso gente que cree en Dios. El problema reside en que en la curia actual hay gente que, aparte de su creencia o no en Dios, da muestras de creer en muchas cosas no especialmente respetables.