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Lo normal – Por Jorge Bethencourt

   

No tenía muchas esperanzas puestas en la pandorga del Pacto por Canarias, esa cosa que empezaron los del Gobierno y la oposición para debatir los grandes asuntos y problemas de las Islas. Pero, oye, por primera vez flotaba un extraño espíritu de sensatez sobre la verdulería política local. Claro que como los espíritus no existen lo que vimos fue sólo una ilusión de los sentidos. Poco se sabe del contenido de esos grandes acuerdos en materia de fiscalidad, de empleo o de reactivación económica, entre otras cosas porque las conversaciones del cónclave político se celebraron en la más estricta intimidad de ellos mismos. Cabe deducir, por lo que se ha publicado, que se sentaron para hablar de una colección de tópicos. Nada nuevo bajo el sol. Pero, llegado el momento de firmar y hacer públicos los trabajos de las tres comisiones creadas por miembros del gobierno y la oposición popular, la noticia es que no hay acuerdo. Unos dicen que por el espinoso asunto de las prospecciones petrolíferas. Otros aseguran que es porque les separa la exigencia de un calendario de ejecución de medidas. Y algunos, entre los que me cuento, creen que sencillamente no les interesa llegar a ningún acuerdo. Nunca les interesó. Y todas estas conversaciones no han sido más que un escenario teatral en el que todos intentaron salir lo mejor posible en la foto esperando que el prójimo perdiera el mayor número posible de plumas por el camino.

El debate sobre el estado de la nacionalidad canaria -que es otra cosa tan etérea como el espíritu del pacto- va a estar marcado por el sesgo de esas frustradas conversaciones. Los partidos, previsiblemente, van a reprocharse mutuamente la responsabilidad del fracaso. Y el Parlamento volverá a ser el teatrillo de una política alicorta, inmune a la tragedia económica y social que vive el pueblo en estas islas. La postración económica de Canarias, el colapso del crecimiento de sus sectores productivos y la imposibilidad material de dar trabajo a los cientos de miles de parados que lo buscan inútilmente se unen, en la tormenta perfecta, con la desaparición de gran parte de las líneas extraordinarias de financiación a Canarias por parte del Estado. Encima de cornudos, apaleados. Pero aquí, por lo visto, no pasa nada extraordinario. Será normal tener un 30 por ciento de paro. Será normal que la renta de las familias canarias (después de dos décadas de crecimiento extraordinario del PIB) esté a la cola de todo el Estado. Será normal que la vida en las islas se haya encarecido a niveles del territorio continental. Todo eso será normal. Tanto como que haya niños que llegan al colegio sin haber comido o que una madre se desmaye de hambre en la calle. Y normal también que la gente piense lo que piensa de la política.

@JLBethencourt