X
Tribuna >

Racionalidades e irracionalidades – Por Sergio García de la Cruz

   

España es una goleta que navega a base de golpes de mar, el PP su mesana, con anterioridad lo fue el PSOE. Nunca las mayorías fueron buenas porque limitan el consenso, algo tan necesario en este país, y, cuando hablo de consenso, hablo del de buena fe, el de para el pueblo y por el pueblo, no del de tú me das y yo te doy.

El principal problema de este país, y de muchos otros, es el poder. Ya lo decía Lord Acton, muy acertadamente, al decir que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. Pero esto no es lo peor, lo peor es lo que se puede llegar a hacer para no perderlo, ya que aquí es donde no hay límites, y les invito a que dejen volar su imaginación. Muchos dirán: “Pero es que en un país democrático como el nuestro el límite lo marca la Constitución Española”. Sí, pero no. Ya que a veces ocurre que las constituciones se transgreden cuando se observan amenazas presentes o futuras, incluso cuando estas son democráticas y conforme a los cauces legales pertinentes, y todo por el poder y para el poder.

Debo decir que admiro a héroes como Martin Luther King. Es estremecedor ver el discurso que dio desde el balcón del Motel Lorraine la noche antes de su muerte y cómo la ve venir. Otros muchos como él también fueron neutralizados. Esto se ha mantenido hasta nuestros días, la diferencia es que en la actualidad se utilizan otros métodos menos lesivos. La justicia es a veces el único recurso que nos queda para salir sanos y salvos de tanta irracionalidad. Aunque la división de poderes, de la que tanto se alardea, no sea tan plena como la pintan, aun así hay veces que el Poder Judicial recuerda con racionalidad a los políticos ciertas premisas que muchos olvidan.

Así, por ejemplo, la sección segunda de la A. P. lo hace en su recurso 14/2013, mediante frases como: “… todos aquellos que decidan dedicarse al servicio público interioricen la necesidad de ajustar su actuación a criterios de ética política y, desde luego, a la estricta legalidad.” O “…desgraciadamente no son pocos los supuestos en que personas vinculadas a partidos políticos diversos, aprovechándose generalmente de las ventajas que proporciona el ejercicio del poder, vienen incurriendo -al menos a nivel indiciario y dejando siempre a salvo el derecho a la presunción de inocencia que asiste a todo ciudadano- en comportamientos alejados no solo de las pautas éticas sino incluso de la propia legalidad”. Visto de una manera más clara, podemos decir que España funciona de una manera beneficiosa para quien ejerce el poder y, por ende, para quien hace y deshace. El procedimiento es sencillo: el poder radica en el pueblo, pero solo en el momento que elegimos a nuestros representantes, por lo que visto así, de esa manera, los culpables siempre serían los que han votado a esos que los están haciendo tan mal.

Pero la verdad es que no lo son, son simplemente víctimas de un engaño. Cada uno de ellos ha aceptado lo dicho como válido y han realizado una contraprestación en prueba de conformidad, esto es darles el voto. Ahora bien, ¿y si no se cumple?, ¿dónde está el mecanismo legal para rescindir esa relación antes de su finalización? ¿Por qué se deja al arbitrio político su cumplimiento o no?

www.sergiogarciacruz.com