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El rapto de Europa | La fosa común – Por Juan Manuel Bethencourt y Juan Cruz

   

EL RAPTO DE EUROPA

Querido Juan: impresiona leer las noticias recientes sobre una pequeña isla, Chipre, cuya crisis financiera, tan mal gestionada por aquellos a los que se supone expertos en la adopción de grandes decisiones, amenaza con terminar de cavar la fosa común de Europa como proyecto ciudadano, y no puramente mercantil. Te recuerdo que esta ha sido una de las grandes tensiones de la Europa unida desde su mismo alumbramiento, con tendencia dispar a lo largo del camino: nacida como un instrumento para evitar la guerra, devino acto seguido en herramienta de interdependencia económica, empezando por el carbón y el acero, o sea, las industrias necesarias para la guerra mismo. Por eso te digo que, pese a sus apellidos economicistas (Mercado Común, Comunidad Económica Europea, etcétera), la Unión Europa ha sido por encima de todo un proyecto de estados nacionales concebido para los ciudadanos, no para los mercaderes y aún menos para los mercaderes financieros de este tiempo, que juegan al casino en los mismos paraísos fiscales que luego toca rescatar con el esfuerzo y el dinero en metálico de millones de hombres y mujeres. Nunca como ahora estuvo tan desvirtuado el proyecto europeo con el que Canarias tiene tantos vínculos, desde nuestra Historia -que es una Historia de apertura y cosmopolitismo, aunque también parece que lo hayamos olvidado- al interés inmediato, porque unas islas desconectadas de un modelo europeo de convivencia y libertad es un lugar endeble a los intereses de los nuevos desaprensivos globales. El combate, ideológico y político, pero también moral, se está librando en el este del Mediterráneo, y lo hace, claro está, siguiendo el formato de la tragedia griega. No hay una Europa buena y otra malvada, hay un proyecto de cohesión capaz de ilusionarnos o tenemos por contra el cortoplacismo rampante, que ahora mismo se lleva la palma.

LA FOSA COMÚN

Como me resistiré siempre a que hayas dejado el periodismo por la política, querido Juan Manuel, me rindo ante ese hallazgo tuyo, digno de un buen titulador. “La fosa común de Europa”. Lo peor de lo que ocurre, creo, no es tan solo que el mundo en el que alguna vez creyeron los padres fundadores de la CE se haya ido a pique por donde más le duele al bolsillo. Lo peor es que se han ido deteriorando, como los carteles del Día del Amor Fraterno de los que escribía Luis Alemany en su primer cuento, todos y cada uno de los propósitos más profundos de la unión. Ya no es posible pensar en una reinstauración de esos principios de solidaridad europea, éstos han saltado por los aires con respecto a esa isla y han dañado la credibilidad que debería inspirar un proyecto de tanta altura. Ahora, permíteme decirlo así, es un proyecto de bajura, una experiencia que está bajo mínimos. Como a ti te gustan las memorias y las citas, te añado una que viví y escuché en primera persona en un despacho del Parlamento de Londres, donde me recibió sir Chris Patten, que había sido comisario de la Unión Europea. Entonces ya llevaba algún tiempo de nuevo en el Reino Unido, como rector de la Universidad de Oxford y como brillante parlamentario conservador. Mientras sonaba en su pequeño despacho la campanilla de las votaciones, le pregunté qué pensaba de los cambios que se habían producido en los órganos decisorios de la Comunidad esos días de 2009. Recuerda que había salido Solana, por ejemplo, y había entrado, por ejemplo, ese enigmático luxemburgués, Rumpuy. Le dije a Patten si le parecían que eran gente de segunda división. Él me dijo: “¿Y por qué es usted tan diplomático?” Ni de segunda división. Pues en esa división tercera o cuarta han metido a la Unión Europea. En la fosa común, tienes razón.