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sobre el volcán>

Ando bastante alucinado – Por David Sanz

   

De un tiempo a esta parte parece que nos hemos vuelto un poco más tarados que de costumbre. Para una ciudad tan apacible como Santa Cruz de La Palma, que en menos de siete días un tío retenga a otro amenazándolo con una podona; que un iluminado, que delira con la llegada del fin del mundo y el juicio final, le prenda fuego a la puerta de El Salvador; y que una panda de indeseables se metan en la sede de la Asociación de Mayos para destrozar el esfuerzo y el trabajo de tantas personas por conservar una parte del patrimonio cultural es, cuando menos, para mosquearse. Dice un amigo que la culpa de todo la tiene la luna. Me consta que en los días de luna llena no pone un pie en la calle por miedo. Creo que esa manía también debe ser efecto de la luna o de algún alucinógeno, vete tú a saber. Con sucesos como el de El Salvador, las autoridades deberían empezar a plantearse pasarle la factura a toda esa panda de indocumentados que se hacen llamar investigadores del misterio y que alientan la fantasía y los delirios de estos visionarios desde un canal de televisión o una emisora de radio.

Personajes que nadean en la nada más absoluta, llenando de pajaritos las cabezas de los oyentes, entre contactados, fantasmas y profetas apocalípticos, como el zumbado que estuvo a punto de convertir en cenizas uno de los principales elementos arquitectónicos del patrimonio de Canarias. Estos visionarios del más allá, expertos en llenar la cuenta corriente del más acá, han creado una subcultura, que es un espacio perfecto para alienar bastante al personal. La golfería de los mayos es un suceso sin ningún tipo de explicación metafísica, sino que está pegado a la ruindad del ser humano, con destellos de una especie de brutalidad sádica, que disfruta del arte de destrozar sin ningún otro fin. Lunáticos, golfos y extraviados en esta vida que parece que nos empeñamos en hacerla todavía más compleja de lo que es. Como el chaval de la podona, que después de una discusión por vete tú a saber qué motivo, se mete en un follón y deja al otro muy tocado. ¿Pero tan grave era lo que tenían entre manos estos dos chicos para terminar de esta manera? Un instante de locura para jeringarte por los restos. De verdad que sigo sin creer que la luna tenga algo que ver con tantos disparates, pero reconozco que me tienen alucinados.