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BRICS – Por Rafael Muñoz Abad

   

La reciente cumbre celebrada en Durban, en la que los denominados estados BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) han sido incapaces de llegar a acuerdos sustanciales, viene a reforzar que, a excepción de China, sus influencias económicas y geoestratégicas aún distan algo de ser globales. Demografías que ya representan el 45% de la población mundial y el 20% de la riqueza. Sudáfrica es la principal economía africana y un país de oportunidades. Un gigante industrial cuya poderosa gravedad comercial convierte en satelitarias a gran parte de las economías de los estados africanos situados al sur del Ecuador. África del sur personifica el espíritu de los llamados BRICS. Naciones estratégicamente situadas llamadas a representar papeles de peso en el nuevo orden mundial que, poco a poco, va tomando forma. Sudáfrica es un país complejo por lo delicado de su más reciente herencia. Y es que pasar de dique de occidente frente al avance del marxismo en la descolonización lusa, a ejemplo de transición política, y coronarse como uno de los guías de la Unión de Estados Africanos en apenas dos décadas no es tarea sencilla. La bolsa de Johannesburgo ejerce ese pensamiento del desarrollo sur-sur desde el atril de conocerse eje comercial. Proceder que frontalmente colisiona con las intenciones de Pekín para con África. Acusado de neocolonialismo, el gigante asiático ha desembarcado en el continente bajo el leitmotiv del bueno, bonito y barato: el binomio infraestructura y tecnología fácil a cambio de materias primas bajo la promesa de no inmiscuirse en los asuntos internos de los africanos triunfa. Teoría [esta] que contrasta con los últimos episodios con los que Francia se reinventa en África; o de manera más discreta y paradójica, por aquello de ser socio fundador de los BRICS, de la propia Sudáfrica a la hora de subordinar en lo económico a sus vecinos. A su manera, Francia, China e India buscan o bien penetrar o recolocarse en los mercados africanos. Es interesante ver cómo los BRICS, a la vez que reclaman un espacio en las altas esferas, a escala regional también ejercen las praxis que de manera global denuncian.

Rafael Muñoz Abad es miembro del CENTRO DE ESTUDIOS AFRICANOS DE LA ULL
cuadernosdeafrica@gmail.com