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Hay quien sí tiene beneficios – Por Francisco Pomares

   

Después de devolver 4.500 millones de euros solicitados al Banco Central Europeo y 4.800 que había pedido el Banco de Valencia, más casi 1.000 millones de ayudas públicas recibidas del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria -el FROB montado por el Gobierno, al que acudió la práctica totalidad de las entidades financieras españolas-, CaixaBank ha logrado completar -con casi 2.000 millones para devolver las ayudas recibidas por Banca Cívica más otros 1.500 del Banco de Valencia- las dotaciones extraordinarias requeridas por deterioro de activos, saneando así sus activos inmobiliarios y consolidándose como la entidad financiera más importante de España, con una cuota del volumen de negocio de casi el 15 por ciento y una cuota de clientes superior al 26 por ciento.

Es evidente que la integración en el grupo La Caixa del Banco de Valencia -que contabiliza desde el 1 de enero de este año- y de Banca Cívica -en la que CajaCanarias participaba junto a las cajas de Navarra y Burgos y la andaluza Cajasol, y pasó a contabilizar a partir del 1 de julio del año pasado- no ha salido tan mal como se dijo que iba a salir para la banca catalana. De hecho, el jueves de la semana pasada, CaixaBank comunicó a la Comisión Nacional del Mercado de Valores unos beneficios de nada menos que 335 millones de euros en el primer trimestre de 2013, casi siete veces más de lo declarado en el mismo trimestre de 2012, aunque también es cierto que no son cifras plenamente comparables, porque el año pasado, CaixaBank hizo el esfuerzo extraordinario de dotar íntegramente los casi 2.500 millones que le exigió el Gobierno de España para sanear sus activos inmobiliarios, muy sobredimensionados -como el de todos los bancos- como consecuencia del pinchazo en la burbuja del ladrillo.

Para La Caixa, las ruinosas incorporaciones o absorciones de la Banca de Valencia y Banca Cívica han supuesto al final un suculento negocio: no sólo se convierte La Caixa en el primer banco español en todos los parámetros, con un índice de solvencia muy elevado, sino que ha aprovechado las absorciones para imponer en menos de un año su modelo de gestión y su filosofía del negocio bancario al personal de las antiguas cajas. En Canarias, esa imposición se ha hecho de forma casi militar, y ha resultado traumática para miles de empleados y decenas de miles de clientes, muchos de los cuales han abandonado la entidad. Es de suponer que CaixaBank tiene medido y -según parece- muy asumido el rechazo de algunos usuarios al nuevo estilo. De momento, no parece que -al menos globalmente- les vaya nada mal.