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Maduro y Capriles – Por Luis Ortega

   

En un par de días sabremos la magnitud de la herencia del chavismo que recibirá su locuaz lugarteniente, Nicolás Maduro (1962) que, en todos los sondeos, aparece como favorito frente al opositor Henrique Capriles (1973), que en 2012 cosechó seis millones de votos frente al fallecido Hugo Chavez. Los analistas no dudan del triunfo del sindicalista, diputado, ministro y vicepresidente en el último Ejecutivo que, contra las previsiones constitucionales, asumió el poder en la agonía del líder bolivariano; lo que sí cuestionan todos es el margen que separaría a los aspirantes y que, en la media de los avances de los institutos de opinión, estaría entre los siete y los diez puntos. Para los oficialistas, -que lo vinculan a “la oligarquía que arruinó y atrasó el país”- el “mal comportamiento de Capriles durante la enfermedad y muerte del comandante” abrió una brecha insalvable frente al transportista que, sin el gancho de su jefe y mentor, “utiliza el aparato del estado, sus métodos y lenguajes sin ningún recato y trata a los venezolanos como si fueran niños o tontos”, según los seguidores de un amplio frente progresista, “seguidor del modelo brasileño de libre mercado con firme acento social”. En una breve campaña de diez días, los contendientes se esfuerzan en concentrar en mensajes cortos y efectistas los atractivos de sus porgramas; antiguo conductor del Metro de Caracas, Maduro invoca a Dios -se declara católico y, a la vez, seguidor de Sai Baba- y a su antecesor -que se le apareció “en forma de pajarito chiquitico al comienzo de la campaña”- para continuar una “revolución gloriosa y bolivariana”. Por su parte, Capriles -que realiza un mínimo de tres actos electorales cada día- se esfuerza en denunciar “la lucha desigual contra los medios públicos de su oponente” e insiste en el valor simbólico de sus éxitos en el estratégico estado de Miranda, “frente a dos vicepresidentes de Chávez”. En la última consulta presidencial, dos millones de votos separaron las dos opciones; ahora, “con toda probabilidad -según la oposición- la franja es más estrecha y obliga a Maduro a aparatosos excesos y a su equipo a dificultar el voto en los lugares, dentro y fuera de Venezuela, donde los bolivarianos obtuvieron sus peores resultados el pasado año”. En cuestión de horas se despejarán las dudas; las dificultades económicas, una sangrante paradoja en un país de extraordinarios recursos, llevarán más tiempo y tendrán, con toda seguridad, mayores costes sociales.