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Maratón – Por Juan Carlos García

   

Exhaustos. Acusan el cansancio por el esfuerzo realizado. Tratan de recuperar el aliento. Unos, en compañía de amigos y familiares. Otros, en solitario. En estos días, en los que se vive al límite. Al límite de sensaciones. Al límite de la subsistencia. Al límite de prestaciones. Al límite del despido. Al límite del desahucio. En estos días de “corre, corre”, el domingo pasado los participantes del maratón de Londres recomponían sus maltrechas piernas sentados en el césped del St. James Park. Habían pasado la prueba. Esa fatiga por la pugna diaria se exterioriza también en miles de hogares canarios. En cada uno de ellos se transita por su particular maratón. Montoro dice, inmersos los ciudadanos en la asfixia de la carrera de larga distancia, que la bajada de la prima de riesgo es “el preludio de la recuperación”. Los melómanos señalan que entre la obra del maestro Chopin se encuentra un preludio muy triste y lento. Quizá el ministro de Hacienda se refiera a él. Sumidos en el último tramo de maratoniano de la crisis, según aseguran los expertos, Rajoy exclama, sin saber si lo quiso decir de verdad: “No hay impuestos el viernes”. Vamos, como quien dice que no hay lechugas. Entre todas las escenas maratonianas del plano internacional, de reivindicaciones de años, destaca en estos días la del Sahara Occidental. Que la ONU supervise el respeto de los derechos humanos tanto en la zona ocupada de la excolonia española como en los campamentos de Tinduf parece, a simple vista, algo normal. Pues, no. Gracias a Francia y a Rusia. Por estas islas, al parecer el Gobierno canario coge el testigo del andaluz en lo referente a la expropiación de casas a los bancos para poder frenar los desahucios. En este tiempo de prisas y agobios, los ciudadanos de estas islas y de este país que han logrado acabar con su particular maratón se muestran extenuados. Revelan desfallecimiento por un desvelo permanente. Unos, en compañía. Otros, en solitario.