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La marca España y el presidente plasmático – Por Gustavo Matos

   

Desde hace algún tiempo algunos miembros del gobierno del Partido Popular nos vienen advirtiendo para nuestro propio bien de que algunas conductas y hechos que se están produciendo en nuestro país perjudican a la “marca España”. Esta afirmación que reduce a más de cuarenta millones de ciudadanos y sus problemas a una mera cuestión de marketing no deja de llevar implícito un planteamiento absolutamente cínico de lo que está ocurriendo en nuestro país. Entender a España como un producto en una especie de mercado en el que se compite es un insulto a millones de familias que están atravesando momentos de gravísimas dificultades y a las que todos los viernes este gobierno decide apretar más la soga de los recortes sociales alrededor del cuello de una población que mira indignada hacia el palacio de la Moncloa. Un lugar habitado por un ser ectoplasmático que se comunica a través de las 42 pulgadas de un monitor. Si España es una mera marca, significa que sin saberlo los españoles nos hemos convertido en una especie de mano de obra barata, cada vez con menos derechos y garantías, que trabajamos para una multinacional, y por lo tanto, que reduce al consejo de ministros y a su tecnológico presidente a un consejo de administración. Por otro lado, no me sorprende el planteamiento teniendo en cuenta que quienes gobiernan este país parecen más unos fríos contables que unos políticos elegidos para diseñar una salida a la crisis económica y social que vivimos.

Curiosamente el PP solo utiliza el símil mercantil para referirse a España cuando lo que se pone de actualidad es el enésimo enredo de la factoría Génova 13, o para referirse a las protestas ciudadanas ante los abusos y excesos que este gobierno les está exigiendo. Sin embargo, muchos pensamos que precisamente lo que de alguna manera perjudica el prestigio internacional de este país es ver a miles de consumidores estafados por las acciones preferentes, o enredados en procedimientos de lanzamiento por ejecuciones hipotecarias, o miles ciudadanos de lugares donde gobierna la derecha protestando contra la privatización de servicios públicos esenciales como la educación o la sanidad. En este sentido, si hay algo que no nos deja bien como país es que un tribunal europeo sentencie que nuestro sistema de ejecución hipotecaria es injusto y contrario a derecho. Mientras, el presidente en una especie de versión berlanguiana del Show de Truman nos regaña desde detrás del universo del plasma televisivo con el que se comunica con nosotros y nos dice que no alcemos la voz que baja nuestra cotización como marca.