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El pasado “dulce” de Güímar, la primera capital del Sur tinerfeño

casco guimar 1910 El  pasado “dulce” de Güímar, la primera capital del Sur tinerfeño

Casco de Güímar, sobre 1910. / Cedida por la FEDAC-Autor: Joaquín González Espinosa

AGUSTÍN M. GONZÁLEZ | Santa Cruz de Tenerife

Güímar es uno de los pueblos más antiguos de la isla de Tenerife y, por tanto, es uno de los que pueden presumir de más historia. Incluso, desde antes de la Conquista, el Valle de Güímar era uno de los enclaves más importantes de la sociedad aborigen establecida en la Isla. Luego en su desarrollo económico tuvo una importancia capital el negocio azucarero. Los trapiches o ingenios de azúcar fueron las primeras industrias asentadas en el territorio y su presencia se prolongó en el tiempo. El Archivo Histórico del Ayuntamiento de Güímar permite a través de su página web hacer un recorrido minucioso por la historia del municipio y descubrir el pasado “dulce” de esta localidad. Aquí se cuenta que fueron mercaderes italianos quienes iniciaron el desarrollo del lucrativo negocio azucarero Canarias. Esta actividad se expande en este siglo XVI por algunas Islas y tuvo en Güímar el primer centro productor del sur de Tenerife gracias a la Hacienda y el Ingenio de los hermanos Juan Felipe y Blasino Piombino, o Romano. Curiosamente, tres siglos después el azúcar reapareció de nuevo en la economía de Güímar y, junto al tabaco, fueron las alternativas por las que optarán los terratenientes isleños en su intento de superar la crisis del último tercio del siglo XIX. En este contexto se desarrollaron en Güímar tres nuevos trapiches, o industrias azucareras, pertenecientes a las familias Jorge Castellano, Hernández Marrero y Ossuna Saviñón.

Otro de los muchos hechos curioso que revela el Archivo Municipal es el origen de la actual Casa Consistorial. La supresión de órdenes religiosas y la desamortización eclesiástica, promulgadas por Mendizábal en 1835 y 1836, no tuvo gran incidencia en el municipio de Güímar en cuanto a incautación y venta de tierras, apenas algo más de 12 hectáreas, aunque, eso sí, proporcionó al Ayuntamiento el edificio en el que hoy se halla, que hasta esa fecha había sido un convento dominico. Por el contrario, según detalla la información municipal, la desamortización civil de Madoz, iniciada en 1855 y prolongada a lo largo del resto del siglo XIX, tuvo significativa repercusión en este pueblo, pasando a manos privadas unas 1.374 hectáreas de los bienes municipales. Güímar fue el segundo municipio de la Isla, detrás de Fasnia, en el que la desamortización civil tuvo mayor significación territorial, aunque no supuso ninguna modificación esencial en cuanto al desequilibrado reparto de la tierra.

Esta localidad sureña ha sido eminentemente agrícola, pero también intentó sumarse al carro de la industria del turismo, que a finales del siglo XIX comenzó a interesarse por estas Islas, y especialmente por el Valle de La Orotava. El nuevo negocio encontró también en Güímar un área interesante para su desarrollo, por su atractivo climático y paisajístico. Se habilitaron o construyeron en esta localidad varios establecimientos. El pionero fue el hotel del Buen Retiro, habilitado a partir de 1889 en la casa de la Marquesa viuda de la Florida, y a él se sumaron un sanatorio alemán y la Casa de la Raya. Después vinieron la fonda de El Escobonal (1920) y la Fonda Medina (1928). Pero ese no era el futuro de Güímar.