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EL FIELATO >

Supervivencia – Por José David Santos

   

Coalición Canaria -creo que es la tercera o cuarta vez que la defino así- es gatopardista o lampedusista de pro. Aquella idea que se ponía en boca de uno de los protagonistas de la novela El Gatopardo del siciliano Lampedusa, que señalaba que la política es el arte de cambiarlo todo para que no todo siga igual, empieza a estar grabada a fuego en el ADN de los nacionalistas canarios y eso, me temo, que antes se veía como virtud dialéctica para llevarse bien con todos y acumular poder año tras año, comienza a ser un lastre inusual para una formación política. El último episodio es el asunto de la Fundación CajaCanarias. En un primer momento, el órdago del Gobierno de Canarias de querer tutelar lo que queda de la otrora caja de ahorros fue contestada desde CC con silencio de puertas a fuera y con reproches y amenazas de puertas adentro. Sobre todo, los nacionalistas en Tenerife veían la acción del Ejecutivo de Paulino Rivero como una maniobra más de querer acaparar poder dejándolos a ellos a los pies de los caballos, toda vez que los hasta ahora rectores de la citada fundación conforman parte del núcleo duro de la sociedad tinerfeña, y es en Tenerife donde las siglas de CC parece que empiezan a estar, por primera vez, cuestionadas como eje de la vida social, política y económica de la Isla. De puertas adentro -Coalición Canaria lava bien sus trapos sucios en silencio mediático- el ataque a los acólitos de Rivero ha sido muy duro, exigiendo responsabilidades, achacándoles un error garrafal en la decisión de intervenir, espetándoles que las medidas importantes no se consultan al partido, etcétera. Con todo, y ante la posibilidad de que salir a la calle con ese discurso pondría en peligro el conjunto del partido, al final CC en Tenerife emite un comunicado diciendo que apoya la acción del Gobierno y que si hay conflicto que lo resuelvan los tribunales. Pues malo. Malo porque, en el fondo, nos están diciendo a los ciudadanos que lo que les mueve a la acción política no es ninguna convicción (compartida o no por muchos o pocos), sino mantenerse en esa dichosa supervivencia que Lampedusa, en la novela, y Visconti, en el cine, retrataron tan bien. La pena es que en CC, que yo sepa, no hay siquiera la visión despegada y visionaria del viejo príncipe de Salina.

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