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UPM: realidad alicaída – Por Salvador García Llanos

   

Se han cumplido treinta años de la inauguración de la Universidad Popular Municipal (UPM) Francisco Afonso Carrillo del Puerto de la Cruz, la primera de Canarias. Un antiguo inmueble de uso residencial turístico fue adquirido por el Ayuntamiento con el fin de destinarlo a núcleo de actividad social, formativa y participativa. Era alcalde Francisco Afonso, cuyo nombre, por decisión corporativa, rotularía la UPM meses después del fatídico accidente de La Gomera.

Al cabo de tres décadas, puede hablarse ya con cierto sentido de perspectiva. La evolución de la UPM entraña luces y sombras en medio del interés que hayan puesto los gobernantes. El fenómeno de las universidades populares españolas adquirió gran importancia, incluso antes de la guerra incivil. Eran una alternativa a las enseñanzas regladas, una auténtica oportunidad para quienes no disponiendo de recursos o de posibilidades encontraban un espacio donde formarse, ampliar conocimientos o desarrollar habilidades.

La reinstauración de la democracia recuperó estos centros: el portuense fue el pionero en Canarias. Sobre él germinó, incluso, la semilla de la Asociación Canaria de Universidades Populares.

En la UPM portuense ha habido de todo durante estos treinta años. Desde récords de matriculación, desde impartición de cursos de materias poco habituales, desde experimentación práctica con otras, desde la configuración de grupos teatrales o de danza, desde la conformación de la banda municipal de música, desde la cesión de espacio no exenta de contenciosos a otras entidades… a una progresiva pérdida de fuerza activista, capaz de proyectarse al exterior. No es exagerado decir que aparece como una realidad alicaída, que ha mermado su identidad.

Bien que debemos sentirlo. Porque la UPM, a poco que se la dinamice y se impregne de innovación, con los adecuados reclamos (incluidos los de divulgación), tiene que seguir siendo la referencia esperanzadora de la que se habló en su inauguración. Los tiempos no son los mismos ni son iguales las circunstancias, de acuerdo: pero ahí está el reto, la búsqueda, el afán de querer progresar y consolidarse.

Para eso es indispensable la voluntad política. Salvo que invertir en educación y fomento de la participación social, aun en plena crisis, haya dejado de ser una atención política.

Hace treinta años que se inició aquella esperanzadora andadura que engloba experiencias satisfactorias pero también sinsabores. Hoy, que sepamos, desde el Ayuntamiento portuense nadie habrá promovido una mínima acción conmemorativa.

Tanta indolencia, tal abandono es lo preocupante.