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Vacío – Por Alfonso González Jerez

   

Es jodido estar jodido, pero mucho más terrible es contemplar que el horizonte ha adelgazado como un estilete que se te mete por los ojos diariamente. Y no hay reacción ni quizás ya pueda haberla desde los poderes públicos. Cuando el Gobierno autonómico pide al Gobierno central flexibilidad en el cumplimiento de los objetivos del déficit lo que está demandando es una soga que le sangre menos el pescuezo y lo mismo ocurre con el Gobierno central respecto a la Comisión Europea. En una economía estructuralmente deprimida y con sus posibilidades de crecimiento comprometidas cumplir y mantener el déficit público establecido por la UE significa, lisa y llanamente, desmontar los sistemas públicos de educación y sanidad, reducir la política social a una caridad bien entendida y mejor medida, colaborar con una reorganización de las fuerzas sociales y económicas que aumenta las diferencias de renta, aniquila la igualdad de oportunidades, hiere a la autonomía de individuos y pueblos, empobrece miserablemente la condición de ciudadanos y la propia democracia. Priorizar la reducción del déficit es la política anticíclica por excelencia. En Canarias ni siquiera un aumento monstruoso de los visitantes turísticos podría aliviar considerablemente el desempleo. Canarias perdió sus posibilidades en los años noventa: cualquier intento de diversificación económica, de apuesta decidida por las energías renovables o por la explotación de las islas como plataforma logística quedó empantanada en la plata fácil de la construcción desaforada, en la euforia turística, en la convicción de que amarrando nuestra suerte al club de las regiones ultraperiféricas de la Unión nunca cesaría el río de leche y miel de los fondos comunitarios. Los errores se pagan. Los vuelcos en la historia también. Y de una sucesión de errores y seísmos históricos no se libera nadie pidiendo una mejor financiación autonómica o explotando unos yacimientos políticos en las costas de Lanzarote y Fuerteventura.

La alternativa que presenta la izquierda, al parecer, consiste en refugiarse en el lenguaje y las tácticas de hace medio siglo y gritarle a un diputado del PP (ocurrió ayer en el pleno del ayuntamiento de Santa Cruz) que ustedes, fascistas, son los terroristas. Eso se lo he escuchado gritar a policías, profesores universitarios, empresarios, sindicalistas, escritores. Lo escuchaba hace treinta años, lo escucho ahora, y lo que antes podría ser un error ahora solo es una expresión de impotencia y renuncia a otra cosa que no sea la indignación.