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3, 2, 1… y lío – Por Mayte Castro

   

Cuando somos pequeños estos dígitos son los primeros que aprendemos: 1, 2, 3. Y esos son los partidos que le restan al CD Tenerife. En nada la liga regular llega a su recta final. El premio más inmediato será conquistar el campeonato del Grupo I. Dependen de sí mismos, sin la necesidad de ayudas externas. El equipo de Álvaro Cervera ha demostrado que es capaz de mantener un equilibrio a lo largo de estos meses. Ha tenido asignaturas pendientes, como ganar fuera, pero la sacaron adelante como buen estudiante. Se habrá podido jugar mejor o peor, pero el esfuerzo y los números te ponen donde mereces. Terminar primero tiene sus ventajas a la hora de afrontar la reválida o selectividad ante el núcleo reducido de equipos que optan a Matrícula de Honor.

Es como ganar un premio gordo. Tienes muchas rifas para lograr el ascenso de categoría y además cuentas con un número reserva o complementario si la combinación primera no te hace obtener la recompensa. Sin embargo, cuando todo parecía fluir por el mar de las calmas, el pasado martes estalló la tormenta. El consejo de administración blanquiazul tomó la medida de declarar “media jornada económica” para el primer partido que dispute el equipo como local en las eliminatorias de ascenso a Segunda A. A simple vista parece una medida inadecuada, injusta, antisocial, antipopular, etc. No sirve el recordatorio de que en los últimos siete años, habiendo vivido los clásicos partidos de Primera, Copas del Rey o derbis, nunca se hubiera pagado un plus por ello. Ahora las circunstancias no son las de antes, ni para la entidad, ni para sus seguidores.

Esta maldita crisis está haciendo demasiado daño. Por ello creo que ha faltado tacto para saber explicar el por qué de esta decisión. Tacto para exponer la situación límite en la que se encuentra el club. Sus arcas necesitan una inyección de dinero como un náufrago, en una isla perdida, necesita ser rescatado. Claridad y transparencia para asumir que del “si no subimos este año, esto desaparece”, hemos pasado al “necesitamos liquidez urgente antes de que acabe mayo”. Que no entra aire en los pulmones y estamos asfixiados. Que ya hace un mes se sudó la gota gorda para no entrar en la famosa preconcursal o concursal o 5bis. Que el camino financiero de la entidad es más negro que gris. Tal vez así, aquellos que han acompañado al equipo, evaluación a evaluación, cada quince días, hagan el sobre esfuerzo en sus maltrechas economías domésticas para no quedarse sin la graduación u orla de los tinerfeñistas. En esta tierra hacemos de tripas corazón y casi todos vivimos con más estrecheces que antes, pero ello no merma la generosidad y solemos arrimar el hombro en situaciones extremas, y suelen ser los que menos tienen los que mas dan. Por eso me pregunto: ¿no había ninguna medida adoptable que no tuviera este cariz castigador para los incondicionales? Además, ya no sólo están los que no puedan desprenderse de esa cantidad, sino los que se sienten ninguneados y están en su derecho a pensar que el eslogan: “Como no te voy a querer”, no siempre tiene que ser unidireccional. Lástima que, justo en el momento en el que mayor sosiego, apoyo y cariño tendría que recibir el equipo, se pueda abrir una brecha entre la entidad y sus fieles.

Me quedo con este antiguo cuento: un viejo indio hablaba con su nieto y le decía: “Me siento como si tuviera dos lobos peleando en mi corazón. Uno de los dos es un lobo enojado, violento y vengador. El otro está lleno de amor y compasión”. Y el nieto preguntó: “Abuelo, dime: ¿cuál de los dos lobos ganará la pelea en tu corazón?”. A lo que el abuelo contestó: “Aquel que yo alimente”. Visto lo visto, todo queda en la conciencia, el corazón y el bolsillo de cada uno.