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El agua – Por Rafael Zurita Molina

   

Tras la restauración de la Fuente Morales, actualmente ubicada en la avenida Bravo Murillo (lindante con el Museo de la Naturaleza y el Hombre), el pasado 2 de mayo se celebró el acto de su puesta en funcionamiento. Después de las palabras del alcalde de Santa Cruz, que, dicho sea de paso, concede especial atención al patrimonio histórico de nuestra ciudad, intervino su cronista oficial para tratar, con la obligada concisión, los problemas para la conducción del agua, así como los orígenes de ésta y otras fuentes públicas.

Como otras tantas veces, aprovecho el camino ya andado en las Crónicas del Puerto. Situado a comienzos del siglo XVIII, decía que por iniciativa del capitán general Agustín de Robles y Lorenzana, se realizan obras para la conducción del agua a Santa Cruz de Tenerife. Finalizadas en 1708, se fijaron unos derechos de aguada para los navíos que se abastecían en el puerto.

Unos apuntes básicos, retazos de una obra inédita, aportados por el historiador Luis Cola Benítez, nos ilustraba sobre este importante tema. Y aquella “obra inédita” es el actual, precioso libro, editado en el año 2010: Sed. La odisea del agua en Santa Cruz de Tenerife.

Tras describirse el método empleado, que es el llamado canales altas (canales de madera elevados del terreno sobre palos para evitar que el ganado abrevase), se especifica el itinerario para la traída del agua desde el Monte Aguirre. Una vez llegada la conducción al pueblo los canales se soterraban protegidos por lozas y mampostería, que se denominaron canales bajas.

El trayecto llegaba hasta la llamada Casa del Agua situada en la antigua calle de Canales, la actual Ángel Guimerá; y desde ésta se repartía hacía la huerta del convento de Santo Domingo y a la Pila ubicada en la plaza principal o del Castillo, hoy de La Candelaria. Se conducía al castillo de San Cristóbal, y desde allí al caño de la aguada, en la playa que más tarde se llamó de la Alameda, para el suministro de los barcos. La fuente pública o pila está ahora en la plaza de La Candelaria. Y Luis Cola nos describe el paisaje:

“Esta sencilla pila que dio carácter y nombre al principal recinto urbano de la población… seguiría paso a paso el alzado de la Cruz de Montañés y el Triunfo de la Candelaria, que la flanquearon a cada extremo de la plaza… llamaba tanto la atención, que posiblemente a ello, alude la anónima y muy antigua copla que cantaba: En Tenerife no hay plaza / la convertisteis en Cielo / a un lado la Candelaria / la Cruz al otro, y tú en medio”.

En medio, entonces, estaba la Pila.