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La crisis palmera – Por Francisco Pomares

   

La crisis del Cabildo palmero no parece que vaya a llegar muy lejos. Fue artificialmente forzada como un pulso de Coalición Canaria con el PSOE para que los socialistas rompan sus alianzas con el PP en 10 de los 14 ayuntamientos palmeros. El acuerdo a dos bandas suscrito por el PSOE -con el PP en los municipios, con Coalición en el Cabildo- no contentó en su momento a nadie: fue consecuencia de la imposición a los socialistas palmeros de una instrucción de su dirección regional, que no pudo controlar la desobediencia en los ayuntamientos, pero logró imponer un cierre cogido por los pelos en el Cabildo, que entonces parecía imprescindible para que el pacto regional no saltara por los aires.

La cosa es que -después de dos décadas de poder no compartido- Coalición no estaba preparada para aceptar la pérdida del poder municipal en la isla: de hecho, el PP jugó con muchísima habilidad en La Palma, y la fracción palmera de Coalición acabó siendo la gran perjudicada por el pacto de Gobierno entre Rivero y Pérez. Algunos de los más recientes acontecimientos políticos dentro de Coalición -el apoyo de Rivero a las tesis majoreras y conejeras sobre el petróleo- son fruto del reajuste interno en el partido que provocó el sacrificio de los intereses palmeros ante los de Rivero.

Pero el actual plante de Coalición en el Cabildo es un quiero y no puedo: si lo materializan y echan a los socialistas, probablemente Coalición perderá el Cabildo, donde se reproduciría el acuerdo entre socialistas y conservadores. Y si no lo hacen, quedan en una situación aún más débil de lo que ya estaban antes de lanzarse a esta peripatética guerrita. Cada vez que Coalición se mueve en La Palma, se enreda un poco más en la soga que le aprieta el cuello desde las últimas elecciones: Coalición necesita al PP o al PSOE, pero el PP y el PSOE prefieren ir de la mano en La Palma, donde ensayan con éxito un improbable acuerdo regional que deje a Coalición fuera del juego y del poder.

Es lamentable que mientras unos y otros se entretienen, en La Palma siga agravándose la situación: de todas las islas del Archipiélago es la que presenta peores perspectivas. Con una población muy envejecida, mucho mayor que la de El Hierro y La Gomera, y con una actividad económica casi inexistente, La Palma depende de los recursos públicos para todo. En un tiempo de recortes y restricciones, sin economía productiva y con el plátano sin futuro más allá de unos años, los que contemple Europa, La Palma debería ser la gran preocupación de Canarias. Y por supuesto, de los políticos palmeros.