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El ejemplo de los que se fueron | Ensimismados – Por Juan Manuel Bethencourt y Juan Cruz

   

El ejemplo de los que se fueron

Querido Juan: como no he parado la pata durante esta semana, he tenido tiempo -las esperas pueden ser muy productivas- para reflexionar sobre muchas cosas. Contemplo en titulares los acuerdos firmados por los gobiernos español y alemán, tendentes a aliviar el drama del desempleo juvenil en España (y en Canarias) por la vía de la fuga de talentos en dirección de aquellos países cuyo modelo económico, o su coyuntura, hacen necesaria la presencia de mano de obra cualificada. El trabajo fuera es siempre una experiencia digna de ser vivida, pero en cualquier caso uno ha de asumir cierto reconocimiento de fracaso colectivo, pues pocas cosas hay tan tristes como ser consciente de no estar respondiendo a las expectativas de la juventud, que quiere abrirse paso, ser radicalmente optimista, no sentirse postrada. Esto es un asunto sobre el que animo a emprender la reflexión, pues como añadido de todos esos programas televisivos, Españoles en el mundo y derivados, habría que adjuntarles un interrogante: ¿y qué hacemos para que regresen? Los canarios tenemos experiencia en el viaje a lo desconocido, ejemplos los tenemos por miles a lo largo de nuestra extensa e intensa Historia, en diferentes épocas, desde el anonimato en la mayoría de los casos, también con resultados duraderos y brillantes. A fin de cuentas es nuestra tierra la que vio nacer a don Sebastián Miranda, padre del precursor de la independencia latinoamericana, un gigante llamado Francisco; de Agustín de Betancourt, venerado ingeniero de todas las Rusias, y también del beato José de Anchieta, sin duda el hijo más ilustre de La Laguna, fundador de Sao Paulo y un nombre que resuena con rotundidad en la zona más pujante del actual Brasil. Creo que estos ejemplos, y otros muchos, nos deberían servir de inspiración, no para salir huyendo de Canarias, sino para mirar al porvenir con otra actitud más activa y confiada. Estamos a tiempo.

Ensimismados

Tienes razón, Juan Manuel; no quitaría ni una coma de tu reflexión, así que añadiré una confesión y (otra vez) una propuesta. Hay un restaurante de Madrid al que solía acudir con frecuencia el ahora presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero. Allí me invitó una noche. Él era en ese sitio ubicado cerca de las Cortes, donde él desarrollaba una muy activa labor, un hombre muy bienvenido. Se sentía cómodo y nos hicieron sentir muy cómodos. En esa atmósfera me atreví entonces, y ahora no recuerdo cuándo, a proponerle una idea que luego le recordé a Dulce Xerach, que en los tiempos del añorado Adán Martín fue responsable del diseño cultural del Gobierno que luego asumiría el actual jefe del Ejecutivo autónomo. La idea la conoces, te la dije algunas veces, y no sé si tú le harías el mismo caso que mereció por parte de estos dos relevantes políticos. Se trataría de poner en valor, en una gran exposición didáctica, aquellos hechos, personajes, iniciativas y otros acontecimientos históricos que forman parte de nuestro acervo cultural, político, educativo o científico. Sería, según aquella idea que a lo mejor era una ocurrencia, de impedir que la sociedad siguiera viviendo ensimismada, creyendo que lo que nos hace es el presente o el inmediato futuro o el inmediato pasado, y no la actividad que nos precede, que en nuestro sería muy escasa si la seguimos olvidando. Llegará un día que nuestra historia se reduzca a recordar los carnavales. Pero no tuve suerte con mi ocurrencia, no me hicieron caso. A ver si tú me haces caso en esto: ¿por qué la escultura del padre Anchieta, que nos recibía en la autopista a los que veníamos del Valle de La Orotava a La Laguna o que despedía a los que volvían al norte, está tapada, no existe? No sé si es una negligencia, pero a mi me da vergüenza ese hueco que han abierto en la historia pública de aquel hombre grande.