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Encuestas – Por Jorge Bethencourt

   

Ciento treinta días al año, más de cuatro meses, trabajamos por la cara para esa amalgama llamada Estado. Ciento ochenta días si sumamos las cargas sociales que pagan las empresas detrayéndolas del salario de los trabajadores (algo así como el 30% de su nómina). Los datos del grupo de opinión Civismo ponen negro sobre blanco en que dedicamos medio año de nuestro trabajo para el mantenimiento de un gigantesco aparato público que ha pasado de gestionar el estado de bienestar a convertirse en una insoportable carga.

Los sondeos de opinión realizados en lo más crudo del invierno de nuestra crisis -es decir, ahora- demuestran que la mitad de las personas a las que se les pregunta aún no tienen decidido cómo van a expresar su cabreo. Y la mitad que ya lo tiene decidido castigará con su voto a las fuerzas mayoritarias, que, por turno, se han encargado de demoler concienzudamente la confianza de los ciudadanos en la democracia.

Vamos de cabeza hacia una atomización de la representación popular, hacia una sopa de siglas que nos llevará de regreso a los tiempos en los que se conformaba la transición a la democracia. El bipartidismo que ofreció estabilidad y alternancia también nos trajo el reino de la partitocracia y la colonización de los poderes de la burocracia por el sistema clientelar de los grandes partidos.

Los que trabajan medio año para sostener todo esto -paro, pensiones de jubilación, subvenciones, sueldos y servicios públicos- empiezan a estar más allá de cualquier esperanza. Los encargados de gestionar la salud de la economía del país han fracasado y las alternativas que hoy se nos ofrecen -desde fuera del bipartidismo- sostienen que la solución para la quiebra de lo público es que haya más Estado. O lo que es lo mismo, más fracaso. Y los defensores de las democracias sociales de mercado solo aciertan a poner más y más impuestos para situarnos a la cabeza de Europa en presión fiscal y a la cola en la calidad de los servicios públicos.

No hacen falta encuestas para saber con certeza que el cabreo de la gente va a metabolizarse en un voto de castigo de incalculables consecuencias. Un castigo que afectará por igual a los culpables de los fracasos de hoy y a los responsables subsidiarios de los de ayer. En un tiempo que reclamaba valentía, coraje y sensatez, solo hemos visto oportunismo, mediocridad y servilismo. Los grandes partidos han enterrado su cabeza en el conformismo pensando que su salida es la salida de la crisis. Pero no hay salida y perderán la cabeza porque la gente ha perdido la paciencia.

@JLBethencourt