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Fantasmas del pasado

   

REBECA DÍAZ-BERNARDO | Santa Cruz

Este texto debería empezar con algo como “una vez conocí a un tipo que…”, pero va a ser que no, porque la penosa realidad es que una vez, intentando conocer a un tipo, a la que conocí y demasiado íntimamente para mi gusto, fue a su señora exesposa. Vamos, no nos hicimos amigas porque no se dio el caso, porque lo cierto es que después de todo tenía más en común con ella que con él, y claro, así fue el tema.

La cosa es que desde el primer momento me debieron haber saltado las alarmas, porque entre los primeros “hola, qué tal?” y bla-bla, a una pregunta suya de a qué me dedicaba yo, cuando se lo dije, aquel “anda, otra que se dedica a lo mismo” debió haber sido una señal de stop grande como un elefante, máxime cuando ante mi sonrisa tonta se puso a explicarme que lo decía porque su ex había estudiado lo mismo y se dedicaba a lo mismo que yo, y que me recomendaba lo mismo que a ella, que fuera buscando otra salida profesional, porque la crisis se nos echaba encima, y ella no le quería hacer caso, porque ella es que es bastante cabezona, ¿sabes?, fíjate tú que una vez le había prometido que… por favor, sí, lo sé, yo antes era más tonta.

Entonces, te cuento, cuando un señor, en tu primera cita, vamos, antes de que se cumpla la primera hora de la primera cita, te habla de su ex, sal corriendo de ahí mi niña porque te veo por mal camino, porque esa es la alarma más gorda de lo que te vas a encontrar después. Que no es ni nada más ni nada menos que el hecho de que ese hombre no ha superado esa ruptura, sigue colgado de ella, enamorado, embelesado o como prefieras llamarlo, y está buscando sustituta idéntica sin pararse a pensar que si esa relación, con esa ex, no funcionó, menos va a funcionar contigo porque encima sigue pensando en ella, ¿me explico? Los seres humanos somos bichos de costumbres, y lo que nos suele pasar es que no nos paramos a pensar en lo que nos conviene o no nos conviene, por el simple hecho de no salir de eso que está de moda llamar ahora nuestra zona de confort. Donde nos sentimos a gusto, o la situación que más o menos dominamos.

Y si esa situación, aunque sea conflictiva, es conocida y sabemos por dónde agarrarla, peor me lo pones, porque ante la simple idea de cambiar las costumbres, nos entra el pánico, y si no, pregúntate cuántas veces has fracasado en relaciones que siguen un mismo patrón. Pues por lo mismo. Porque ya sabes por dónde te van a salir pero no te atreves a cambiar la ruta.

Normalmente, conocemos a un arquetipo de hombre que es el que nos gusta, por lo que sea, y aunque la relación con el primero no funcione, volvemos a repetir modelo con el siguiente, y así sucesivamente, y es porque siempre hacemos lo mismo a la hora de iniciar y seguir en esas relaciones, y está más que comprobado que a los hombres les cuesta mucho más desprenderse de un fantasma emocional del pasado. Una vez Carmen Posadas escribió refiriéndose a esto titulándolo El síndrome de Rebeca y viene más o menos dado por la famosa novela y posterior película en la que el fantasma de una esposa difunta persigue a la nueva esposa por todas las esquinas de una tétrica mansión inglesa. Pero ese fantasma está solo en la mente de ella, de la nueva esposa, sobre todo alimentado en este caso por la terrible ama de llaves, que la adoraba y la sigue eternizando después de muerta.

Bien, en el caso que nos compete hoy, a lo que vamos es a esa manía que tenemos de repetir y repetir las mismas pautas con distintas personas, que en el fondo son exactamente iguales, porque la verdad es que en el fondo, arquetipos humanos hay unos pocos solamente, cubiertos por infinidad de aspectos físicos, eso sí. Y siguiendo con nuestro caso, los hombres tienden a buscar el mismo modelo, es bien sabido que normalmente el de su madre y en ocasiones justamente el opuesto. Y si les funciona durante un tiempo, años, lo que sea, aunque luego la relación se rompa, siguen la tendencia de buscar el mismo tipo de mujer de nuevo, y ahí es donde entras tú.

Ahora bien, te vuelvo a lo del principio: si la relación que tuvo con la anterior no funcionó, y encima resulta que te pareces a ella hasta en los andares, siempre y según la opinión de él, y si encima te lo casca desde el mismo instante en que vuestros ojos se encuentran por primera vez en un fogonazo de atracción, pasión, romanticismo, lo que quieras, plantéate solamente dos cosas. La primera, que tal vez fuera ella quien lo abandonó, y sería probablemente por algo, y la segunda, que tal vez fue él quien la dejó a ella y no sabemos hasta qué punto te dejará también a ti por lo mismo, porque si ambas son tan parecidas, incluso aunque haya edad de diferencia, lagarto, lagarto, porque terminarás queriendo las mismas cosas y siendo igual a ella hasta en la separación. Consejo, salte del área inmediatamente y consulta tu brújula.