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Fracaso – Por Jorge Bethencourt

   

Equivocarse traicionando los propios principios tiene un regusto doblemente amargo. Porque a uno le corroerá para siempre la duda de lo que habría pasado en el caso de no haber cedido ante la presión de las circunstancias.

Esos pensamientos deben estar sobrevolando ahora las mentes del equipo más cercano a Mariano Rajoy, el brillante elenco de profesionales que llegó para salvar España y ha terminado naufragando a mitad de mandato, sabiendo ya que no habrá una llegada triunfal a la campaña electoral del 2015.

Nadie va a recordar que la gestión del PP ha sacado a nuestro país del abismo de la quiebra. Primero porque la memoria es frágil. Y segundo porque es un mérito que debe apuntarse también al Banco Central Europeo. El Gobierno popular decidió subir los impuestos directos e indirectos yendo contra sus propios principios. Descargó sobre las clases medias y la actividad empresarial el peso del pago de la crisis y convirtió a España en uno de los países de la UE con mayor presión fiscal. El discurso de la austeridad se aplicó con dureza sobre la economía privada aunque el resultado ha sido que los ingresos tributarios han caído el 16% desde el año 2007, a pesar de las reiteradas subidas de impuestos. Con más de seis millones de españoles en el paro y el hundimiento del consumo, cada vez hay menos actores en el pago de impuestos.

En el sector público, el Gobierno recortó a mansalva las inversiones, con lo que multiplicó los efectos negativos sobre el sector privado. Pero el equipo de Rajoy se cuidó muy mucho de abordar una reforma estructural de la administración pública recortando sus gastos y reduciendo su volumen.

El gran proyecto reformista del nuevo Gobierno ha terminado con la solitaria reforma del costo del despido. Las previsiones de que dos años de sacrificios nos llevarían a un 2014 de crecimiento -el año clave antes de las elecciones- han saltado por los aires.

El Gobierno ya sabe que el PIB caerá este año más de punto y medio y no crecerá ni siquiera el 0,7% el año próximo. O lo que es lo mismo, dicho en cristiano, la destrucción de empleo seguirá hasta casi el final de la legislatura.
No habrá milagro. No habrá nada que mostrar a los españoles para decirles que el sacrificio ha valido la pena. No hay luz al final de un túnel que va a ser más largo de lo que nos prometían. Como ya avisaban algunos economistas a comienzos de la recesión, esta va a ser una crisis que durará una década.

@JLBethencourt