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Hablemos de números | A peor la mejoría – Por Juan Manuel Bethencourt y Juan Cruz

   

Hablemos de números

Querido Juan: hablemos hoy de números. Para bajar el déficit público de una maldita vez es preciso reducir los gastos y adoptar una cultura sensata de responsabilidad fiscal. Eso sería algo parecido a la austeridad tan pregonada por el Gobierno del PP, aunque en su caso lo haga en beneficio exclusivo de la comunidad financiera, es decir, de los grandes derrochadores. Hay otro camino irrenunciable para equilibrar las finanzas públicas, y pasa por la generación de más ingresos. Y si uno observa la distribución de ingresos del Estado observará algunas cifras sorprendentes. Por ejemplo, la recaudación por el Impuesto sobre la Renta se mantiene estable a pesar de la crisis económica, y en cuanto a la fiscalidad sobre el consumo (IVA y, en el caso de las Islas, IGIC), pues sufre un leve decrecimiento como resultado de la contención en el gasto familiar. La gran brecha está en el Impuesto sobre Sociedades, que recaudó en España 41.675 millones de euros en el año 2007, último antes de la Gran Recesión. ¿Cuántos recaudó en 2011? El dato es escalofriante: 13.383 millones. Una pérdida semejante obviamente tiene un impacto directísimo sobre el déficit del Estado, y nos deja claro que el enfriamiento de la economía, la insistencia en desangrar al enfermo, es una pésima receta también a la hora de cuadrar las cifras. De modo que el crecimiento es, además de socialmente necesario, el camino más eficiente para cumplir con Europa. Nada de lo dicho supone una apuesta por el incremento tributario, y menos sobre las empresas que crean empleo en España. Pero sí es preciso atajar las deducciones fiscales y los ejercicios de contabilidad creativa que también están lastrando la recaudación por Impuesto de Sociedades. Además, porque estos regalos fiscales no benefician a las pymes, sino a las grandes corporaciones. Eso, sin contar el recurso a los paraísos fiscales, un escándalo del que nadie parece tomar nota en la zona euro.

A peor la mejoría

Ya sabes, joven político y ahora audaz economista, que mi fuerte no es ninguno, y mucho menos lo son las cifras. Si te digo la verdad, las cifras las pienso en letras y a veces también las escribo en letras, como si tuviera ante los números un rechazo natural, patológico. Pero entiendo lo que dices: este Gobierno popular ha hecho lo contrario de lo que pregona. Dice que recauda y sólo recauda de lo menos sobresaliente, y ha metido el miedo en el cuerpo de la ciudadanía menos pudiente, para arreglarle el cuerpo a los muy pudientes, a los poderosos de siempre. Suena a demagogia, y lo es. Yo creo, no sé si piensas lo mismo, que la demagogia es como el colesterol: la hay buena y la hay mala. La mala es esa que ahora domina en las tertulias televisivas, de casi cada día pero sobre todo del fin de semana, en las televisiones privadas, pues la Española mantiene un sosiego que ahora parece raro. Allí van periodistas (y no sólo periodistas) a gritarse las verdades que ellos amasan para arrojarlas contra los que tienen enfrente: no hay ni un gramo de acuerdo, ni pugnan por ello. Cuanto más desacuerdo, más audiencia, eso creen quienes los agitan. En cuanto a tu argumento, creo que aún este Gobierno tendría margen para la autocrítica, revisando ese tratamiento abusivamente favorable a la banca y a los poderes financieros en detrimento de la recaudación que equilibrara los actuales déficits sociales en educación, sanidad, cultura y tantos otros renglones. Pero el Gobierno no lleva camino de rectificar. El presidente Rajoy lo dijo el otro día: no está dispuesto a cambiar, él cree que todo lo hace bien. Lo dijo, ahora no estoy haciendo demagogia, ni de la mala ni de la buena. Así que, como decían nuestros viejos, a peor la mejoría.