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El revés y el derecho > Juan Cruz / Juan Manuel Bethencourt

Los libros en el parque / Un soporte cambia al anterior – Por Juan Cruz / Juan Manuel Bethencourt

   

Los libros en el parque

Estoy francamente harto, querido lector Juan Manuel, de escuchar o de leer que se acaban los libros en papel, que están viviendo los últimos instantes de su relación con el lector. Ahora estoy en Valencia, en la Feria del Libro, y cuando salgan estas líneas que te envío estaré en el parque de Santa Cruz, en la Feria del Libro a la que tan cordialmente me han invitado sus gestores. Aquí, en Valencia, en el día del libro de Barcelona, en Madrid, ahí seguramente, en todas partes escucharé esa letanía, en la voz de los periodistas, y percibiré el eco melancólico que eso produce en la voz de los editores, en la voz de los libreros: que se acaba el libro, que dicen que se acaba el libro. Alguien, en algún despacho cibernético del mundo virtual, ha inventado la especie de que los soportes digitales arrasarán con el libro tal como lo hemos conocido. Es difícil argumentar ahora algo que resulta obvio, que ambos soportes, el digital y el papel van a coexistir y serán alguna vez de la misma importancia uno y otro. He escuchado, aquí en Valencia, una barbaridad que viene de uno de esos despachos: que el mundo digital ha venido a suponer una revolución cultural mayor que la que supuso el advenimiento de la imprenta puesta en marcha por Gutenberg. Eso sería así, precisamente, si no hubiera existido Gutenberg; si no hubiera habido radio, si no hubiera habido bibliotecas, si no hubiera habido cine… Lo digital ha venido a ser una plataforma magnífica para lo existente, pero no estábamos en las tinieblas, precisamente, cuando empezaron a proliferar los ordenadores y sus consecuencias. Sin duda estamos mejor equipados para la información y para la edición y para la divulgación del pensamiento, de la ficción y de la vida. Pero antes también nos podíamos comunicar. Más lentamente, quizá. A veces me parece que la prisa no ejerce una influencia tan fértil. No sé qué opinas, querido lector de papel y cibernético.

Un soporte cambia al anterior

Querido Juan: me puedo considerar miembro de una generación puente, acaso mutante, porque hice mis primeras armas en el periodismo cuando aún sonaban las máquinas de escribir en la redacción del periódico que hoy acoge estas cartas. Aquellos tiempos, los estertores del tipómetro, se me antojan hoy como de ultratumba, sumidos como estamos en el ciclo de noticias digitales no ya de 24 horas, sino de unos instantes, tiempos acelerados en los que es posible hallar un océano de información de un centímetro de profundidad, aunque al mismo tiempo es preciso subrayar los beneficios evidentes del nuevo escenario. La era del acceso universal y gratuito supone un desafío gigantesco para los profesionales y las organizaciones periodísticas, pero al mismo tiempo representa la descartelización de la información, con las oportunidades que ello conlleva para el lector, el usuario, el ciudadano. Personalmente pienso que estamos ante un nuevo paradigma en el que tenemos muchas preguntas y muy pocas respuestas; y mira que uno las busca, incluso fuera de nuestras fronteras, para encontrarse siempre con esa sensación de extravío, de no tener nada que aportar. La comparación con Gutenberg es tan recurrente como simple; es cierto, no obstante, que ambas épocas coinciden en la radicalidad de los cambios. Qué preguntas me haces, Juan, tienes la extraña habilidad de lanzarme retos para los que carezco de argumentos de réplica, lo que en este caso no creo deba atribuirse a mi debe, pues me encuentro tan desubicado como cualquiera. Sí pienso algo: al igual que el vídeo no mató a la estrella de la radio, el libro digital no crecerá sobre las cenizas del papel. Pero aprecio una tendencia: un nuevo soporte no destruye a sus predecesores, pero los obliga a cambiar para sobrevivir. Ocurrió con los periódicos, con la radio, con la televisión, con Internet y ahora con el auge de las redes sociales. Veo al libro de papel como un producto esencialmente emocional, capaz de transmitir mensajes más allá de su sentido práctico.